EL NIÑO QUE OBSERVABA EL HORIZONTE CUÁNTICO

- Medición número 4041965141995, campo limpio y despejado, sin artefactos que puedan provocar fallos en el análisis. Procedo a iniciar el algoritmo de búsqueda.
Max se recostó cansado sobre el sillón de su cápsula mientras el zumbido de la máquina le indicaba que se estaban realizando las mediciones. A su alrededor se alzaba impasible una infinidad oscura que se expandía más allá de donde le alcanzaba la vista. La luz del sol refulgía contra las otras cápsulas del observatorio que se agrupaban formando un racimo brillante que flotaba fijo en el vacío. Era un paisaje abrumador , y sin embargo, frente a esa infinita inmensidad, Max sólo podía pensar en una cosa, en todo lo que había perdido y lo que alguna vez esperaba volver a encontrar.
Tenía una relación extraña con el espacio, le fascinaba y lo temía, lo amaba y lo odiaba, le reconfortaba y a la vez lo llenaba de un terrible vacío que sabía que no iba a ser capaz nunca de llenar. Se lo había dado todo y se lo había arrebatado todo. Sin embargo, era incapaz de dejar de observarlo y todo nacía de ella, Sabinne Feyend, la científica madre de la nueva teoría cuántica, del motor cuántico y del propio Max.
Todo empezó una noche clara en la cima de una montaña, allí un pequeño Max observaba maravillado el espacio a través de un telescopio mientras su madre le explicaba el porqué de las cosas y le contaba historias imposibles que hacían que la mente de Max hirviera de misterio y fascinación.
- Verás Max, todo lo que ves ahora por la lente de ese telescopio, es tu propia realidad, tú mismo estás forzando a que todo lo que tienes a tu alrededor se determine, todo está y a la vez no está hasta que tú te decides a observarlo.
- No lo entiendo mamá.
- Tranquilo Max, es normal, ni yo misma lo entiendo muchas veces, eso es lo bonito. Por ejemplo, imagina que tu y yo guardamos un par de monedas en unas cajas, las monedas están conectadas y si una es cara la otra es cara, y si una es cruz la otra es cruz. Si las lanzamos y antes de que caigan cerramos la caja, no podemos saber si es cara o cruz y sé que esto es difícil de entender pero están a la vez en cara y cruz hasta que alguno de los dos abramos la caja y observemos su resultado. Y lo bonito es que da igual lo lejos que estemos, esas dos monedas tendrán el mismo resultado, pero sólo y sólo si uno de los dos decide abrir la caja y ver el resultado. Hasta que no observas algo, la realidad es un batiburrillo sin sentido, y solo nosotros podemos forzar a que la realidad sea, en todo su esplendor.
-Sigo sin entenderlo mamá.
-No pasa nada hijo, ya lo entenderás algún día, de momento solo piensa e intenta imaginarlo.
Max estaba ensimismado en esos pensamientos cuando la voz robótica de la máquina resonó por toda la cápsula.
- Medición número 4041965141995, análisis finalizado, datos negativos, preparando nueva batería de mediciones.
Max revisó en su pantalla los resultados con una extraña mezcla de resignación y tristeza. Otro test negativo, otra oportunidad perdida. Su mente aún no había abandonado del todo sus recuerdos y la historia de su vida pareció pasar fugazmente por su cerebro. Esas charlas nocturnas con su madre hasta que lo abandonó para centrarse en sus investigaciones. Años de soledad mientras las investigaciones de su madre prosperaban reformulando la propia teoría cuántica y consiguiendo crear el primer motor de curvatura cuántico con el que ella, al frente de un grupo de intrépidos científicos, iban a viajar a la infinidad del espacio para seguir encontrando respuestas. Aún recordaba parte del discurso de su madre justo antes de partir.
- Hoy iniciamos un viaje al centro mismo de las respuestas, con esta nueva nave y con esta nueva tecnología aceptamos nuestro lugar en el orden físico del universo y nos adentramos, como seres racionales, en la realidad cuántica, indeterminándonos en la inmensidad de la realidad. Volveremos con respuestas, os lo prometo, tan solo esperadnos mundo, y no dejéis de observar el espacio.
Se descubrió llorando al finalizar esos recuerdos, las lágrimas caían por sus mejillas y por más años que pasaran, al final de todo, sólo era un niño mirando un horizonte, esperando ver en la distancia la promesa de un abrazo de reencuentro. Quizá algún día se determinaría la realidad que él deseaba, pero hoy, hasta el momento, no parecía ser ese día. Max abrió los ojos y se quedó ensimismado mirando el vacío, forzando a determinar la realidad que lo rodeaba.
- Medición número 4041965141996...
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