Y SIN EMBARGO



Y SIN EMBARGO…

Para los alumnos el ver al maestro en su antiguo automóvil era siempre motivo de bromas y chistes. Más aun cuando lo escuchaban llamarlo Galileo.
Para los nuevos alumnos aquel nombre solo podría hacer referencia a lo viejo del coche, sin embargo, los más antiguos sabían que estaba referido a la frase del famoso hombre de ciencias: “… y sin embargo, se mueve”.
Pero, ocurrió que alguna vez que el anciano maestro escuchó al pasar que uno de los alumnos pronunciaba aquella famosa frase, que detuvo su clase para extenderse en el tema.
Tras dar un extenso paseo por la sala aguardando que hubiese silencio y permitir la pausa de su clase y del tema que estaba presentando, finalmente consideró que era el momento de hablar y aprovechar de comentar el profundo significado de aquella frase que para los alumnos representaba solo un repetido chiste.
Tan solo cuando el sonido que provocaba la suela de sus zapatos era lo único que se escuchaba en el aula consideró que era el momento preciso para dar cuenta de aquella historia que toda la vida había asegurado que era profundamente cierta. Quizás era eso lo que determinaba que para contarla había que crear el ambiente que en este caso ya se había producido.
La basílica catedral metropolitana de Santa Maria del Fiore, o catedral de Santa María de la Flor, es la sede episcopal de la Archidiócesis de Florencia, Italia. Comenzó diciendo. Pues bien, por aquellos años las misas solían tener una duración de dos horas. Galileo se ubicaba habitualmente bajo la cúpula a través de la cual entraba la luz del sol. Ese detalle le permitió descubrir que la sombra que producía su cuerpo se iba desplazando hasta cubrir un espacio de al menos dos metros contiguos al lugar en donde se encontraba.
Nada de aquello le sirvió – continuó diciendo el antiguo maestro - para convencer a la Santa Inquisición que era la tierra que giraba alrededor del sol, por lo que fue finalmente condenado.
Solo cuando se desdijo de su teoría logró ser liberado. Fue entonces, que al momento en que se producía su libertad, que a media voz pronunció su famosa frase: … ”y sin embargo, se mueve”.
Tras lo dicho, el antiguo maestro se acercó a su pupitre y luego de recoger sus cosas, caminó hasta la salida de la inmensa aula, que durante al menos un par de minutos se mantuvo en un sorprendido silencio.
- Como mi automóvil - dijo desde la puerta, tras lo cual los alumnos aflojaron sus risas.
ANTIGUO MAESTRO

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