If you don´t

"If you don´t not make mistakes, you´re doing it wrong.
If you don´t correct those mistakes, you´re doing it really wrong".
(Anon)


La cabeza trepanada de la Sra. Fernández —presa de drogas intravenosas y gases anestésicos— reposaba, ligeramente inclinada sobre su lado izquierdo, en la mesa de una de las salas quirúrgicas interactivas del Gregorio Marañón. Su meningioma era grande, del tamaño de una pelota de pin pon, y había nacido, crecido e interrelacionado con los nervios y los vasos sanguíneos del cerebro de la Sra. Fernández durante años —incluso décadas—, y con ella habría muerto si es que no se hubiese manifestado así, tan de repente, y de forma tan dolorosa e incapacitante.
La extirpación del bulto estaba programada para el mes siguiente —se preveía que ese mes de mayo del 2047 el equipo del Dr. Cabrera batiera el record mundial en eliminación de tumores—, pero las cefaleas en racimos que la Sra. Fernández había experimentado durante los últimos días habían hecho de la intervención algo urgente y necesario tras su ingreso en planta aquella misma tarde, justo cuando el Dr. Cabrera y su equipo se encontraban asistiendo a un congreso de neurocirugía en la ciudad condal.

—No se preocupe —alegó el doctor a la Sra. Fernández por videoconferencia—, le operará, bajo mi supervisión, nuestro cirujano asistencial. —Y el médico mostró a la paciente las gafas de realidad mixta que portaba entre sus manos.

El cirujano asistencial del Dr. Cabrera, nominado como BSL —siglas de Biltrack Sistem HoloLens—, era un robot quirúrgico de apoyo creado por la empresa Microrob Surgical. Estaba compuesto por una estructura acristalada que contenía un potente ordenador —de 1 petabyte de memoria— que visualizaba, radiografiaba y reproducía, en un formato de 360º, la monitorizada anatomía del paciente, registrándola de forma no invasiva. Además, el visor óptico de BSL se conectaba automáticamente —vía wifi— con el dispositivo HMD del cirujano jefe, y también con el resto de dispositivos y pantallas que, en ese momento, se encontraran operativas dentro del quirófano. BSL contaba, también, con un par de largos brazos modulares y flexibles en los que se insertaban dos ganchos multifuncionales —uno por cada extremidad— dotados de apéndices táctiles. Todo esto hacía del robot médico el ayudante perfecto, no solo por reducir tiempo e instrumental quirúrgico, sino también por facilitar el trabajo de aquellas cirugías que requerían de largas reconstrucciones. Pese a todo —sus increíbles facultades y conocimientos que lo habían llevado a especializarse en neurocirugía—, BSL jamás había ejercido como cirujano titular, jamás había reemplazado a un médico humano.

—¿No nos darás mucho la lata? —preguntó el Dr. Cabrera a la masa celular, compacta y lobulada, que se proyectaba, dimensionada en 3D, sobre un punto definido del espacio de su habitación de hotel; en concreto, entre las cortinas y la puerta que daba al baño. Encima de la cama, materializados en forma de hologramas, descansaban los paneles de material anatómico de consulta, los diferentes cortes radiológicos de las resonancias magnéticas, el atlas quirúrgico y las imágenes de los hemisferios, lóbulos y cisuras cerebrales de la Sra. Fernández con las que, desde hacía algo menos de una hora, BSL se encontraba trabajando.

—Lo estás haciendo muy bien, chico.

El Dr. Cabrera se sentía muy satisfecho con el trabajo del robot: a través de su visor observaba la precisa abertura de entrada que BSL había hecho en el espacio subaracnoideo; observaba el impecable corte milimétrico, dimensionado con el bisturí de navaja, sobre la cola dural del tumor. Observaba, cuando…

—¡Para!

BSL se detuvo.

—¡¿Cómo es posible?!

El tumor yacía insertado en el vaso coroideo; un aciago e inesperado incidente —nada había mostrado la última arteriografía cerebral— con el que el cirujano jefe no contaba. Aquello lo cambiaba todo…

—Está bien, chico —el Dr. Cabrera se sentó sobre la cama, derrotado—. Has hecho todo lo que has podido. Ciérrala —ordenó.

Mas... era la primera vez que BSL ejercía como cirujano titular.
El brazo robótico se adentró en la arteria…

—¿Qué?... ¡¿Qué haces?!

…vaporizando y coagulando con su aspirador ultrasónico…

—¡Detente!

…resecando lentamente…

—¿No me has oído?

…retirando la gran masa tumoral con una perfecta hemostasia.
#
Apenas habían transcurrido setenta y ocho horas desde que la Sra. Fernández había sido intervenida, y ya caminaba por su cuarto con la ayuda de un andador.

—Gracias, doctor.

El Dr. Cabrera salió de la habitación muy satisfecho. La operación se había complicado, pero su ayudante… Tras sopesar las probabilidades de supervivencia de la paciente se había arriesgado a retirar el tumor, aunque… aunque todavía no lograba entender cómo un IA había podido desobedecer una orden directa. Entonces, cayó en la cuenta: la Primera Ley impugnaba a la Segunda.

«Benditos robots», pensó.

Y se marchó, pasillo adelante, canturreando el estribillo de "I am believer".








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