Fuerzas: Gravedad y Destino

¿Alguna vez te has despertando sin ganas de enfrentarte al día?
Seguramente hayas sentido que tu destino está trazado y que, independientemente de tus acciones, el transcurso de tu día e incluso el de tu vida ya está escrito.
Esta era la sensación que invadía la mente de Alicia cada mañana. Su ciclo comenzaba tras abrir sus ojos, automáticamente se levantaba, desayunaba escuchando algún podcast motivador -sin éxito-, se aseaba y salía al trabajo sabiendo que al final del día volvería a su cama para despertar al día siguiente y caer en la misma rutina.
En el ciclo vital de Alicia, al igual que en el de todos nosotros, había momentos mejores, adornados por cosas tan simples como algún menú especial en la cafetería o risas dispersas con amigos; y peores, generalmente debidos a una jornada laboral poco productiva o simplemente a frustraciones inherentes al carácter humano. Pero, al fin y al cabo, independientemente de todo esto, a la mañana siguiente el sol volvería a brillar, ella abriría sus ojos y todo se repetiría.
Su trabajo consistía en estudiar la respuesta adaptativa de las abejas ante factores externos para mantener la prosperidad de la colmena. Analizando unos datos recolectados durante las últimas semanas, cayó en cuenta de que los seres humanos, al igual que las abejas, estamos programados para desempeñar actividades repetitivas, incluso aunque no nos gusten, con el fin último de asegurar nuestra supervivencia. Cada uno de los miembros de la colmena tiene un rol, la abeja reina es reina desde el día que nace y los zánganos viven a su disposición hasta su muerte. Independientemente de los factores externos, estos roles son impermutables, su destino esta determinado, y de la misma manera lo está el de los seres humanos. Ahora bien, qué es el destino. La definición exacta postula que es una “fuerza” desconocida que actúa de forma inevitable sobre las personas y los acontecimientos.
Analizando esta definición, Alicia pensó que, si el destino es realmente una fuerza, puede compararse con otra fuerza, la Gravedad. De igual modo que cualquier objeto con masa atrae a otro objeto con masa, y ni tan siquiera la tierra y las estrellas se libran de esa inercia, los humanos, están condicionados y atraídos hacia su destino final, y nada puede modificar dicha fuerza atractiva. Desde el momento en que llegamos al mundo, somos esclavos de nuestro destino de igual manera que estamos afectados por la gravedad. Visto con esta perspectiva, la vida humana resulta deprimente, no importan los factores ajenos, no importa lo que hagamos, nuestra sentencia está dictada.
No obstante, si este supuesto destino es una fuerza, puede entenderse también como una magnitud vectorial que mide la intensidad del intercambio de momento lineal entre dos cuerpos y, por tanto, puede modificarse o anularse aplicando otra fuerza externa y en sentido contrario. Pero, cuál es esta fuerza. Tras varios días de reflexión, Alicia encontró la respuesta: la voluntad.
La voluntad se define como una propiedad intrínseca a la personalidad de cada individuo que apela a una fuerza -de nuevo- para desarrollar una acción de acuerdo al resultado deseado. Es decir, si Alicia quería convertirse en la dueña de su destino y modificarlo a su convenir, debía tener voluntad, reajustar su “chip” interno, reprogramarse. Ella, siempre realista, era consciente de que nuestra voluntad está limitada por nuestros sentimientos y emociones, por nuestro entorno socio-cultural ya que no podemos escapar de los caminos inexorables de la vida humana en sociedad, de la geografía que nos rodea, del clima y costumbres del lugar en el que vivimos. La clave está por tanto en endurecer nuestra mente a través del conocimiento para poder recorrer el camino hasta nuestro destino final de una manera satisfactoria. Sabiendo y aceptando este hecho, Alicia reajustó sus días, seguiría realizando las mismas actividades, pero con otra perspectiva, se enfocaría en dejar huella.
Al igual que ella, cada uno de nosotros debemos abandonar la procrastinación y no aceptar la monotonía diaria. Al fin y al cabo, si todo puede entenderse a través de las leyes de la dinámica, únicamente tenemos que encontrar la magnitud de la fuerza adecuada para que, al abrir los ojos cada día, en lugar de sentir cansancio y pereza tengamos ganas e ilusiones para que, al llegar a la ultima vuelta de nuestro ciclo vital nos sintamos satisfechos.
El destino es un agujero negro cuya fuerza de aceleración es mayor que cualquier otra, y cuyo fin ultimo es el colapso (nuestra muerte), no obstante, siempre queda un pequeño atisbo de esperanza, pues incluso tras la muerte de una estrella su brillo perdura en el universo durante millones de años, así mismo nuestro camino a través de la vida puede sembrar semillas que perduren en este mundo indefinidamente.
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