Padre de ciencia

Tras muchos meses de emoción, hoy ha sido el gran día, ¡por fin! Las ecografías no eran nada bondadosas, decían que quedaría en conjetura... pero no: hoy he dado a luz mi primer teorema. Bueno, que con las prisas de la alegría se me escapa un detalle. ¡Han sido mellizos! Aunque el segundo con un leve infrapeso, os presento a Teorema y Corolario.

El proceso ha sido complicado, negarlo sería faltarle a la realidad. Durante el parto tuve que recurrir a técnicas de relajación, concretamente de hipótesis. Llegar al mundo no es tarea sencilla, hay que dulcificar las cosas. Ay, que se me olvida con toda la emoción, y qué amables han sido las médicas de tesis. Sin ellas esto no habría sido posible.

Ahora lo que importa es la alegría de verlos llegar. Sí, se me cae la baba. Me quedo embobado cuando pienso en su futuro. ¿Con quiénes se llevarán mejor cuando vayan a la escuela? Me gustaría que fueran amigos variados, que no se junten solo con los de su misma disciplina. Tengo claro que quiero inculcarles que sean abiertos de mente. Yo mismo tengo amigos que no son científicos, amigos artistas, amigos panaderos... Para mí las ciencias y las letras no están reñidas, deberían colaborar más a menudo. La rivalidad solo lleva a pensar que conjuntos con intersección no vacía son incompatibles.

Sé lo que estaréis pensando, ¿y quién soy yo para categorizarlos como Teorema y Corolario? Es algo que llevo sopesando desde antes de su concepción, no quiero imponerles mi ley. Serán lo que ellos quieran ser en la vida. Y si un día el teorema me viene y me dice “papá yo me siento Lema”, yo le querré igual. Seas teorema, corolario o proposición, en esta casa tenemos claro que lo que hace falta es una buena demostración.
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