Compromiso

Compromiso
Una mañana, de sábado, el nieto se levantó pronto, y dirigiéndose a la habitación de su abuelo, le dijo:
- Abuelito, ¿por qué no me llevas hoy al colegio?
- ¡Hoy!, No hay colegio, - contesta sorprendido Valentín, el abuelo,
- ¿No? Contesta con incredulidad Valeriano, el nieto.
- ¿Y por qué no?, - sigue preguntando el niño?
- Porque los sábados no hay colegio.
- Vale abuelo, de todas maneras yo, si no te importa quiero comprobarlo.
- De acuerdo, dice el abuelo, desayunamos y vamos a hacer esa comprobación, también nos servirá de paseo matutino, que es muy saludable.
Con esto, nieto y abuelo se acercan al colegio del niño y comprueban que efectivamente las puertas del mismo están cerradas a cal y canto.
Al constatar este hecho, el niño, exclama:
- ¡Qué pena!, - yo que quería estudiar un poco más y aprender cosas nuevas.
- ¡No te preocupes!, - yo te las voy a enseñar cada día que no tengas colegio, - le contesta el abuelo entusiasmado, por la petición de auxilio formativo que le acababa de lanzar su nieto.
-¡Qué bien!, - dice el niño. ¿Y qué me vas a enseñar?
- Hoy, te voy a enseñar el concepto de electricidad estática.
- Con esta conversación nieto y abuelo llegan a casa, y como el resto de la familia se había levantado y estaban desayunando, les pregunta Luis, el padre de Valeriano:
- ¿Dónde habéis ido tan temprano?
- Hemos salido a dar una paseo, hasta la escuela, contestan.
- ¡Caramba! - Exclama, Antonia, su madre.
- Sí, es que Valeriano tiene hambre de conocimientos y yo voy a alimentarle en ese aspecto, dice Valentín.
- ¡Yo también quiero aprender más!, - dice Rosa, su nieta.
¡Qué alegría!, - Exclama Valentín, pues vamos a ello, si con un alumno ya estaba motivado, imagínate con dos, estoy por las nubes.
Y acto seguido, Valentín les explica a sus dos nietos el concepto de cargas eléctricas y de electricidad estática, y les hace una demostración práctica con un trocito de papel, un bolígrafo y su propio pantalón.
La secuencia de la explicación-demostración fue la siguiente:
Imaginaros una partícula muy pequeña a la que hemos bautizado con el nombre de electrón y que se desplaza de un material a otro, por la acción del frotamiento que provoca que ambos materiales, que en principio estaban cada uno equilibrado con sus cargas negativas y positivas se desequilibren, y uno quede cargado con exceso de electrones, que son las cargas negativas y el otro con defecto de los mismos.
Y como sabemos que todos los materiales están en equilibrio electrónico interno y que debido al frotamiento este equilibrio se rompe, si acercamos ambos materiales que ya están cargados con distinta carga electrónica, se establece una fuerza de atracción entre los mismos que provoca que se desplacen hasta tocarse.
Y esto que os he explicado lo vamos a demostrar.
- Cogemos este bolígrafo de plástico, de capuchón grueso, en este caso de unos doce milímetros de diámetro que os enseño, frotamos por el lado del capuchón en la parte baja del pantalón de algodón, que llevo puesto, sin presionar la pierna, para más comodidad, cortamos un pequeño trozo de papel de unos cinco por cinco milímetros aproximadamente.
- Luego depositamos el trocito de papel sobre una superficie plana y horizontal, frotamos el bolígrafo en el pantalón durante unos treinta segundos, acercamos el bolígrafo por la parte de la superficie frotada a unos dos milímetros del papelillo y ¡he aquí la magia de la ciencia!, el papelillo se desplaza verticalmente hacia arriba quedando pegado en el bolígrafo.
- ¡Qué guay! - Exclaman los niños al unísono.
- Yo no he entendido casi nada de lo que nos has explicado, abuelo, pero la demostración práctica que nos has hecho me ha encantado, comenta Valeriano.
- Bueno yo he entendido algo más, probablemente, porque soy la mayor de los dos, pero estoy de acuerdo con mi hermano, la demostración práctica también me ha dejado con la boca abierta.
Y con esta pequeña iniciación, los niños siguieron pidiendo más y más clases cada día, y su abuelo encantado de explicarles conceptos científicos elementales, motivando poco a poco de esta forma tan sencilla a dos personas, que se fueron convirtiendo, en enamorados de la ciencia y de la investigación.
Pasados los años, Rosa y Valeriano entraron en la universidad y cursaron estudios técnico-científicos.
Posteriormente entraron en el mundo laboral y sus vidas les llenaron, aportando además su granito de arena a una sociedad que hicieron cada vez más justa y más preparada, para vencer las dificultades de trabajos difíciles de realizar sin ayuda técnica.
Ella investiga sobre enfermedades actuales y planifica las metodologías de intervención inmediata, en el abordaje de nuevas posibles amenazas sanitarias que puedan aparecer en el futuro, y él trabaja en la creación, planificación y desarrollo de proyectos innovadores de desarrollo de productos y gestión medioambiental.
Arroyo
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