Ciencia subliminal

¿Qué es la ciencia? Las bolas de papel rebosaban la papelera. Se había olvidado de encender la luz del despacho. En qué momento había accedido a dar ese discurso. Incluso se había ilusionado, a pesar de que sabía perfectamente que nadie quería hacerlo excepto él. A nadie le apetecía recibir a los nuevos alumnos, a menudo distraídos y sin interés. Tiró el boli sobre la mesa y miró por la ventana. Guardó el ordenador en la mochila, ya continuaría otro día.

Fuera llovía. Agradeció que su mujer le hubiera recordado coger el paraguas. Siempre miraba la predicción meteorológica cada mañana en su teléfono, daba igual el sol que hiciera. Se lo agradeció en silencio mientras se sentaba en la parada. Activó la localización por satélite para ver cómo de lejos estaba el autobús, pero su pensamiento le distrajo: ¿Cómo demostrarles que la ciencia importa? ¿Que había significado la ciencia para él? No oyó al autobús eléctrico llegar. Subió de un salto justo cuando las puertas se cerraron.

Al llegar a casa, todavía no habían vuelto su mujer y su hijo. Dejó su mochila sobre la cama, encendió la placa de inducción y colocó la sartén de teflón antiadherente para hacer la cena. Se acercó a la estantería y sacó un libro, una vieja biografía de Ramón y Cajal, de cuando era estudiante. Podría incluirlo en el discurso. Hojeó rápidamente; no, no era eso. Si ni siquiera lo conocía cuando empezó la carrera, por mucho que le hubiera animado después a acabarla. Dejó el libro sobre la encimera, esperando a que el agua terminara de ebullir a la temperatura exacta.

Escuchó las llaves en la puerta. Se sorprendió al ver un *Homo neanderthalensis* correr hacía él. No se acordaba de la fiesta de disfraces. Hacía un mes uno de los padres del colegio se había hecho un test genético que compró en internet. Mandó su saliva y, cuando le llegaron los resultados, le dijo a su hijo que tenía un 4% de ADN de neandertal. La noticia se extendió como la pólvora por la escuela. Su hijo y sus amigos se enteraron por su profesora de biología que probablemente ellos también tendrían parte de ese ADN. Al llegar a casa, su hijo le hizo jurar que decía la verdad. Él le respondió que estaba seguro, estaba demostrado, pero no pareció convencerle. Aun así, a la hora de decidir qué disfraz se ponían para la fiesta, todos los chicos acordaron al unísono ir de neandertales.

Cenaron los tres juntos, riéndose de las anécdotas. Él se percató de que su hijo tenía una rozadura en la rodilla. Su mujer le dijo que se había caído por no tener cuidado y le lanzó una mirada reprobadora. Él respondió que, papá, los neandertales no saben calcular, no podía medir bien la distancia al suelo. Acabada la cena, lo llevó al baño para aplicarle una loción con probióticos, para acelerar el cicatrizado. Lo acompañó después a su cuarto y se quedó a acostarlo. Su hijo se quedó dormido nada más ponerse el pijama pero, aun así, permaneció en el cuarto mirándolo absorto. Pensaba en lo mucho que le quedaba por aprender sobre... casi todo. Igual que a sus nuevos alumnos. Él mismo se dio cuenta de que si no podía responder qué es la ciencia, también le quedaba mucho por aprender. Todavía tenía preguntas sin resolver. Volvió al salón para ver una película con su mujer, por recomendación personalizada de un algoritmo inteligente. Habían abierto un vino y estaban acurrucados el uno junto al otro. Se quedó mirando fijamente la copa.

Hacia la mitad, su mujer pausó la película. Le advirtió que llevaba un rato mirando su copa. Mosto de uva fermentado por microorganismos. Suspiró y le confesó que no podía dejar de pensar en el discurso.

— Quiero enseñarles que la ciencia importa.

Su mujer le animó. Pues claro que importa. No habría progreso sin ciencia. Él esbozó una sonrisa. Todo el mundo estaba de acuerdo en eso. Pero era algo más; la ciencia forma parte de nuestras vidas. Está ahí, aunque no la veamos, en todas partes. Si tan solo se le pudiera ocurrir un ejemplo cotidiano, ese podría ser su discurso perfecto. Se levantó y cogió la botella vacía para llevarla a la cocina. Se giró, antes de irse, mirando con cariño a su mujer.

— No lo sé. Tan solo quiero que la ciencia no pase inadvertida.
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