Ciencia en Cuarentena

Madrid, 25 de Marzo de 2020

Querido diario,

Aún sigo sin poder volver al cole por el “bicho”, y aunque echo de menos poder salir a jugar con mis amigos, ¡estoy aprendiendo muchas cosas chulas con mamá en casa! Mi mamá es científica y estudia cosas muy, muy pequeñitas que no podemos ver a simple vista porque están en la nanoescala.

En la nanoescala, la unidad de medida es el nanómetro. Un nanómetro es súper pequeño, ¡la mil millonésima parte de un metro! ¿Qué cuánto es eso? Pues yo tampoco lo sabía hasta hace poco, pero mamá preparó un juego muy divertido para que lo entendiese. En una manta, pegó muchos círculos con dibujos de diferentes cosas: un balón de fútbol, una mano, un hámster, una hormiga, glóbulos rojos, bacterias, virus, átomos… También, hizo una ruleta en cartulina con los nombres de las tres escalas: macro-, micro- y nano-. Mamá me explicó que en la macroescala se encuentran las cosas que podemos ver con nuestros ojos, y se miden normalmente en metros, mientras que en la microescala están los objetos que necesitamos ver a través de un microscopio y se miden en micrómetros. Después de explicarme esto, empezamos a jugar. Mamá le daba vueltas a la ruleta, y según donde cayese la aguja, teníamos que colocar el pie o la mano sobre el objeto que creíamos que tenía un tamaño de esa escala. A veces, era un poco difícil y nos caíamos, ¡pero nos reímos mucho! Para saber si habíamos acertado, mamá había escrito las dimensiones de los objetos detrás de cada círculo. Así, por ejemplo, aprendí que una hebra de nuestro cabello mide alrededor de 100 mil nanómetros de ancho, y un virus, como “el bicho” que nos tiene en casa, de 50 a 200 nm de diámetro. ¡Y yo que pensaba que mis dientes eran pequeños!

Ahora que sabía lo pequeñito que es el “bicho” que nos tiene en casa, le pregunté a mamá, ¿y cómo sabes que con jabón ya se muere, si no lo podemos ver? Y entonces, mamá dijo:

- “¿Te apetece que hagamos juntas un experimento?”
- “¡Sííííí!”-contesté.

Fuimos a la cocina y llenamos un plato hondo con agua y le echamos mucha pimienta y orégano. Entonces, mamá me dijo:

- “Ahora, mete tu dedo índice en el agua y sácalo. ¿Qué ves?”
- “Está sucio…”- le contesté.
- “Ahora échate un poco de jabón en el dedo y vuelve a meterlo en el agua”, me indicó mamá.
- “¡Hala!"- exclamé al ver cómo la pimienta y el orégano que habíamos añadido se iban rápidamente a los bordes del plato y el agua se quedaba limpia.
- “¿Ves, hija? Esa es la importancia de lavarnos las manos con jabón frecuentemente para no enfermar”.

Este ha sido mi primer experimento, ¡pero no el último! Estoy deseando poder volver al cole y contarles a mis amigos lo que he hecho. La semana que viene cumplo 10 años y le he pedido a mamá que me regale un juego para hacer experimentos como ella y tener mis gafas mágicas también.

¡Mañana te cuento nuevas aventuras, diario!

Firmado: La minicientífica
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