El Linker De Mika

Kimi es un joven finés, friki de la informática, que una vez licenciado en Física, hizo un viaje sabático al África; visitó Kenia y Tanzania, ascendió al Kilimanjaro y a 5800 metros de altitud, mientras contemplaba extasiado la vista a lo lejos de la inmensa sabana y del océano Índico tuvo una idea inspiradora.
Estaba conmovido con la pobreza que había visto de primera mano, también estaba asqueado de la corrupción inherente que rodea y retroalimenta a la miseria. Naciones cimentadas en instituciones pobres que alimentan el voraz agujero negro de la pobreza, cuyo horizonte de sucesos es la escasez, la necesidad y la indigencia de seres que perpetúan esa supuesta normalidad. Una patología más deletérea y duradera que aquella histeria masiva de hilaridad ocurrida en Kashasha.
Estando en Nairobi, concluyó que era un deber moral de los ricos ayudar a los pobres. La pobreza tendría que ser vista como una enfermedad y había que combatirla aunque fuese a la fuerza. El recuerdo de Iraq le hizo desistir de tal idea. Recordó como USA invadió aquel país y propuso una democracia con instituciones sanas y fuertes y fracasó. Para los iraquíes aquello era una invasión y eso es inaceptable por mucho que la intención sea loable. La solidaridad étnica juega en contra de esas potenciales operaciones militares anti-miseria.
La obligación anti-penuria se acrecentó más recorriendo aquellas ciudades paupérrimas hasta llegar a Moshi, allí iniciaría el ascenso a la montaña brillante que sería el clímax de aquellas vacaciones.
A medida que ascendía y se maravillaba con aquellos paisajes, su cerebro iba cocinando ideas, hasta que estando en la cima Uhuru, no grito eureka como Arquímedes, pero sus vellos se erizaron y trago saliva tibia a pesar del frío circundante.
Soberanía, independencia, libertad y autonomía es lo que traduce la palabra uhuru y justamente esa era la clave para derrotar a la enfermedad de la pobreza. Ahí en la cumbre grabó un audio donde hacía un bosquejo de su proyecto. Había adoptado esta costumbre cansado de que muchas ideas se le habían perdido en la gaveta de los recuerdos extraviados de su cerebro.
Ya de vuelta en la riqueza de su hábitat finlandés empezó a trabajar en aquel plan concebido en lo alto del techo de África. Su concepto parte de que los pobres están inmersos en diversas trampas, pero que al promover sacarlos de una de esas tristes prisiones, se activaría un efecto cascada que automáticamente abriría los candados y las rejas de las otras confinaciones; todo sin violencia y sin derramamientos de sangre. Una revolución silenciosa, paulatina e inexorable, una vez puesta en marcha.
Su admirable propósito consistía en que si encontraba la forma de acabar con la corrupción, los recursos llegarían a su máximo aprovechamiento, el agua sería potable, la tierra sería productiva, la gente se alimentaría mejor, crecerían más, no tendrían parásitos, florecería su potencial y esto llevaría a que pensaran mejor, estudiasen más, produjesen más, ganasen en autoconfianza, se enriquecerían, tendrían menos hijos y su conciencia ecológica se ponderaría tanto, que su hábitat se convertiría en algo bello y saludable en armonía con la madre naturaleza. Todo este utópico circulo virtuoso se desencadenaba a partir de erradicar la corruptela.
¿Cómo lograría tal hazaña?
Pues la historia de la ciencia está plagada de soñadores, que intentaron ene veces, cabezotas que persiguieron utopías, gente que no se rindió a las adversidades e idealistas que no se arredraron ante quimeras ni molinos de viento. Kimi es uno de esos.
Desde entonces trabaja encadenando puertas cuánticas, formando algoritmos y entrelazando qbits. Esto último lo ha logrado gracias a que se ha ideado un entre-lazador, un recurso simple y bello como las mejores ecuaciones de la matemática, que ha llamado el Linker de Mika, en honor a su padre quien le inculcó el amor por la Física y las ciencias en general, aquella tarde antes de morir que dijo: “hijo me gustaría que fueses físico, esa es la madre de todas las ciencias”.
El día que este recurso vea la luz, la computación cuántica dará un salto gigantesco en nuestra civilización. De momento Kimi pretende obtener un ordenador que interactúe con los humanos, que se autoalimente de la energía lumínica ambiente, y que sea capaz de adelantarse a comportamientos inmorales, como si fuese un lector de la criminalidad de la mente y la modifique hacia el comportamiento correcto. Este ordenador con el paso del tiempo, iría prescindiendo de abogados, jueces, policías y demás fuerzas represivas, a la vez que multiplicaría médicos, enfermeras, ingenieros, artistas, profesores y científicos.
Al primer país al que se le haga esta donación, sentirá que la revolución que sucederá después sería como aquel hermoso término del Suajili que da nombre al pico más alto en solitario del mundo: Uhuru.




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