Código aleatorio

Son las 7 de la mañana, abro los ojos al escuchar los pasos de la enfermera al entrar a la habitación para tomarme los signos vitales. He dormido bien gracias al relajante que me han dado por la noche. Mi padre todavía no despierta, pero no tardará en hacerlo pues dentro de poco llegarán por mi para llevarme al tratamiento. Me mantengo expectante, con ilusión. Recuerdo la resonancia magnética (RM) de ayer, eficiente pero muy ruidosa.

Pasa un rato más, ahora estoy siendo transportada en silla de ruedas a la unidad Gamma Knife. Es una sala no muy grande con varias habitaciones pequeñas. Al llegar me saludan el médico neurocirujano y el radiólogo, y me preguntan cómo me encuentro. Me explican el protocolo a seguir. Uno de ellos explica a su compañero que yo he llegado hasta aquí porque participé como sujeto sano en una investigación de psicología, simulando ser un ladrón de bancos, y se ha dado casualmente el hallazgo de una malformación arteriovenosa (MAV) cerebral. El protocolo del tratamiento empezará con una tomografía y arteriografía para obtener la localización exacta de la lesión y planear la neuroradiocirugía.

Comienzan por ponerme un poco de anestesia local a través de una jeringa en cuatro puntos de la cabeza donde “atornillarán” el marco estereotáctico. Me preguntan qué estoy estudiando y les cuento que soy nutricionista y además hago un doctorado en biomedicina, en un proyecto de Tejido Adiposo Pardo (TAP)… No parece que hayan escuchado hablar del TAP.
Les digo que es un tejido que se descubrió en los adultos apenas hace alrededor de 10 años. Continúan insertando agujas con anestesia e indagando la localización y características del TAP… Les cuento que su importancia radica en sus características termogénicas y que podría ejercer beneficios metabólicos. Sospecho que el interrogatorio es para calmarme y conocer mi estado de conciencia.

Minutos más tarde, me encuentro tumbada en una mesa dentro de la sala de hemodinamia. La médico encargada se presenta, es muy amable al igual que todos los sanitarios. Así comienza uno de los procedimientos, la arteriografía. Empiezan a explicarme lo que van a hacer… Yo asiento a todo y me muestro cooperativa. Sé que estoy en buenas manos.

Continúan las voces explicando y hablando entre ellos… Sonidos desconocidos, clics, máquinas... Un equipo médico trabajando. Pierdo la noción del tiempo. Estoy entre dormida y despierta. Sigo escuchando máquinas y voces. Duermo... Despierto… Me dicen que han acabado… “No muevas tu brazo”, me piden. No sé cuanto tiempo ha pasado.

Después de unos instantes, y una vez que los médicos han planeado la dosis de radiación y localización exacta de la MAV, me llevan a la zona específica de Gamma Knife. Señalada con carteles de radiación, ésta sala es amplia, blanca, muy luminosa y parece bastante espaciosa. En el centro hay una máquina con una camilla y un túnel, muy parecido a la máquina de RM y de Tomografía, la cual me recuerda al protocolo y pruebas que hemos hecho en el proyecto de mi grupo de investigación; muchas cosas me son familiares.

Una vez acomodada e inmovilizada, me dejan sola. El tratamiento de neuroradiocirugía está a punto de empezar. Durante los 105 minutos del tratamiento no debo moverme, pero podré hablar y comunicarme con el sanitario que está afuera de la sala.
Empieza una música muy relajante. Mi mirada a veces se fija en la parte superior de la sala. Es una simulación de ventana al exterior, donde se ve un cielo azul con unas hojas verdes. Cierro los ojos. La música es muy relajante… Creo que me he dormido.

De pronto, estoy consciente nuevamente, sin moverme pero estoy cómoda. Pienso otra vez en el TAP y mis compañeros de laboratorio; en cómo llegué a ser participante de un estudio de psicología y cómo ahora de pronto estoy aquí. Pienso en la fortuna de participar haciendo ciencia desde ambos lados: siendo investigadora y participante con un código aleatorio y desconocido para mí; nunca olvidaré esta experiencia.

Siento un poco de calor y agobio. Intento relajarme concentrándome en respirar. Me duele la espalda, la mesa es muy dura. No sé cuanto tiempo ha pasado. Intento pensar que si estoy sintiendo cualquier sensación, es porque estoy viva.
Pregunto cuánto tiempo queda aunque calculo que no debe faltar mucho. La música ha acabado hace rato. Me dicen que quedan 20 minutos.

Una vez fuera de la sala de radiocirugía tienen que “desatornillarme” el marco y retirarlo. Duele cuando lo hacen, pero se siente mucho alivio.

Tengo ganas de comer. Mi familia me espera en mi habitación del hospital. Me siento aliviada, pero hay que esperar hasta dos años para ver la efectividad del tratamiento.
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