El elemento secreto

He descubierto algo que mucha gente no podrá creer. Todo empezó hace dos días, en la fiesta de cumpleaños de mi amigo Miguel, quien está obsesionado con los dragones. ¿A que no adivináis cuál fue la temática de la fiesta? Exacto, los dragones. A mí no me apasionan demasiado, pero la verdad es que la decoración era increíble: la puerta era la de un castillo, las bebidas eran “moco de dragón” y la tarta era un dragón en 3D. Pero todo esto no es tan importante. De lo que yo vengo a hablaros es de otra cosa, que obviamente también tenía forma de dragón: los globos. Había decenas de globos, pero no de los que caen al suelo, si no de los que vuelan. No sé qué tenían esos globos para poder mantenerse en el aire, pero iba a averiguarlo. Cogí uno de los globos y lo bajé hasta el suelo, con la intención de que se quedara en él, aunque en cuanto lo solté volvió a subir y esta vez hasta el techo. Entonces llegó la madre de Miguel y al ver mi curiosidad por el globo me preguntó si me gustaba. Le dije que sí, que me fascinaba como el globo podía mantenerse en el aire solo, a lo que ella me respondió que eso era porque era un dragón mágico. Menuda ayuda me había dado, ¿se piensa que por tener nueve años me voy a creer esa tontería? Yo sabía que no flotaba por eso, tenía que haber otra razón.

Cuando el reloj dio las ocho en punto, vino mi padre a avisarme de que teníamos que irnos. ¡Yo todavía no había averiguado el misterio del globo! No podía irme sin saberlo, o al menos no sin un globo. Así que intenté hacerme con uno preguntándole a Miguel si podía darme uno de sus globos de dragón. ¿Sabéis que me dijo? Que no, que era suyo. Menudo egoísta, ¡si él tenía un montón! Yo no estaba dispuesta a irme sin un globo así que le dije a mi padre que tenía que ir al baño. De camino al baño cogí uno de los globos sin que nadie me viera y me metí en el baño con él. Comencé a pensar cómo podría llevarme el globo a casa. Era casi tan grande como yo, por lo que esconderlo así era imposible. Entonces vi una horquilla del pelo y se me ocurrió la gran idea: explotarlo. Cogí la pinza y la apreté con todas mis fuerzas contra el globo, hasta que explotó. Lo doblé y lo guardé en mi bolsillo. Con el ruido que había de la fiesta nadie escuchó la explosión.

Cuando llegué a casa, fui corriendo a mi habitación y saqué el globo para seguir analizándolo. El problema es que ya no flotaba, se caía y con la emoción del momento yo no me di cuenta hasta que llegué a casa. No entendía qué había pasado, solo le quité el aire del globo, lo cual no era importante. El secreto tenía que estar en el material del que estaba hecho el globo. Ya no sabía qué más hacer y estaba tan desanimada que no quise ni cenar. Papá se preocupó y me preguntó que me ocurría, así que decidí contárselo todo. Fue la mejor idea que tuve en todo el día porque ¡papá sabía el secreto del globo! A pesar de eso no me contó cual era, pero me prometió que al día siguiente me lo enseñaría. Estaba tan emocionada que me costó horas caer dormida.

A la mañana siguiente papá me despertó y me enseñó tres cosas que había comprado: un paquete de globos de colores, una tabla llena de cuadros con letras y un pequeño barril en el que ponía “He”. Papá me contó que el secreto de que el globo volara estaba en el aire de dentro. Descubrí que el aire está formado por unos elementos químicos, aunque nosotros no los veamos. Papá me explicó que, por ejemplo, en el aire que nos rodea hay mucho oxígeno y el aire que soltamos al expirar tiene mucho dióxido de carbono. Estos elementos no hacen que flote el globo, sino que eso es trabajo del helio. Es un elemento gaseoso que hace que vuelen los globos y además si lo inspiras te produce una voz bastante graciosa por un tiempo. Papá y yo nos tiramos la mañana de aquel sábado jugando con el helio, tanto llenando globos como cambiando nuestra voz. Fue divertidísimo, aunque tengo que admitir que aún no entiendo bien cómo puede haber distintos elementos en el aire si yo ni siquiera los veo. Quizás este secreto es un poco más difícil de descubrir.
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