Antígona y el buque

El buque, navega en la quietud oceánica con la sinfonía de voces que hicieron a un lado el tiempo para lograr una más de sus insólitos viajes. Encuentro que sale de los libros con la libertad arrebatada de la imaginación. Sin fronteras ideologías y épocas, apareciendo el genio mental que todo lo traduce.
Extraordinarios personajes que con su puño y letra lograron que surgiera la sabiduría. Llenando los estantes de la historia universal. Personas, con el semblante perdido por el encierro entre letras hacen a un lado las vallas para dejar fluir el sentido humano, lúdico e imaginario.
Los libros, se roban las manecillas del tiempo para crear su propio espacio, al lado de sus autores, y como eslabón Antígona carga el libro más completo de Atenea, diosa griega de la sabiduría, las artes y la ciencia.
La silueta de Antígona no es vista por los genios a bordo, carga su libro dorado, donde inicia una vez más su lectura, desplazándose por los pasillos, entre sus velos de seda, donde fluyen las voces de la sapiencia, de hombres y mujeres, que decidieron tomar el misma embarcación, haciendo a un lado todas las barreras de idiomas, costumbres…
El navío continúa su camino, como sacado del mar, suelta la proa provocando se le mire en la bruma de los enigmas sobre la superficie quebrada en los verdes marinos. Como gigante fuente emite sonidos de una gran orquesta con gotas de lluvia estancada, profundas que han tocado los arrecifes, las algas, moluscos…
Sonidos del templo de caracoles que desprenden voces milenarias, historias impactantes de transatlánticos desaparecidos.
Antígona, en cada página abierta, mira al personaje en escena con el rostro amigable, logrando sea más amena y prolongada la plática entre los genios a bordo.
Mientras, Carl Linnaeus, observa con su catalejo como brincan los peces marinos y cuando se acercan a una isla, su pupila se extiende para apreciar la enorme variedad de plantas y pequeños animales. Gran observador del mundo natural, desde pequeño había percibido el aroma de las flores que su madre le colocaba una guía alrededor de su cuna, en una campiña sueca. Abstraería el paisaje campirano, al tocar los pétalos entre sus pequeñas manos. A su espalda se mantiene Antígona, impresionada lo observaba con su corona de flores sobre su cabellera.
Antígona, había leído que siendo niño su padre lo llevaba a los jardines para mostrarle los nombres de las plantas. Al titularse Carl, firmó como Linnaeus, tomando la palabra sueca d-link que significa árbol de Linden, planta que había acompañado a su familia a lo largo de generaciones. Gran investigador de plantas y animales.
El enorme navío, se desplaza con el vaivén de las notas magistrales de Richard Wagner. El pequeño Richard Wagner a los siete años aprende a tocar el piano y a los quince escribe su primera obra, y un año después llega su primera composición musical. A los veinte años dirige el teatro de Magdeburg con su ópera la prohibición de amor. Revolucionado el campo de la música, es lo que ha leído Antígona.
Todos los enigmáticos personajes acompañan en su viaje alrededor del mundo a James Cook navegante, excelente capitán inglés, que llevaba a cabo su travesía explorando las tierras más inalcanzables (1768- 1779). Sus tres viajes alrededor del mundo, figuras que surgen del libro con Antígona. Toma vida sus narraciones en la embarcación que les brinda la oportunidad de conocerse e intercambiar sus experiencias en el esplendor efímero. Se les mira en un túnel retrospectivo compartiendo sus vivencias y avances, entre cada sorbo de vino de su agrado y compartiendo la comida sin evitar las carcajadas abierta.
Antígona que se metamorfosea como la libélula deslizándose felizmente por todo el buque sin soltar su libro, al abrir cada página, sale el genio en turno… El cisne encantado, resucitando los más nobles sentimientos que un artista puede lograr en el arte escénico, traduciendo en sus contorsiones finas en una poesía y con exquisita gracia representa la muerte del cisne (1905) convirtiéndose en la piedra angular del ballet ruso. (Anna Pavlova), Llamándole el Museo Viviente.
Surge una y otra vez la Inspiración en los escritores, científicos, músicos… en el trasatlántico que se fortalece con la sapiencia de tan distinguidos personajes que han quedando suspendido, en la ventana oceánica.
Imprevistamente se acerca una tremenda tormenta y la brisa aparece golpeando las ventanillas, Albert Hitcock, amo y señor del misterio va leyendo su novela La Dama desaparece… ya no es posible continuar…La psicosis toma a todos sus pasajeros en un remolino, cercano al triangulo de las bermudas…
Años y lunas solo miran pasar a los peces que rodean al gran buque con gran carga de arrecifes, docenas de objetos carcomidos, solo se escapan las letras de metal, como reliquias son guardas en un museo.
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