El legado del Reino Corpóreo: todo está en su interior.

Si de algo podía estar orgullosa la Reina Cell era de sus nietas. Aquellas niñas eran la esperanza del Reino Corpóreo, ya que, tras la muerte de sus dos hijos, todo el legado había quedado en las manos de sus únicas cuatro descendientes. Sus queridas nietas, tan fieles a la causa, nunca dudaron de sus orígenes y se aplicaron sin cesar en recibir la más estrictas de las educaciones. Los valores eran la base, y sobre ella se erigían un sinfín de conocimientos que eran integrados y almacenados de manera meticulosa, ya que una sutil alteración podía modificar todo el Reino.


Hoy, tras muchas enseñanzas compartidas, el reinado de Cell ha llegado a su fin y debe asignar a cada nieta el liderazgo de un dominio. Las personalidades de cada una son determinantes, porque a pesar de proceder del mismo seno real no todas han respondido por igual a los hechos que les han acontecido. Por tanto, Neuro, Cardio, Linfo y Hepato han forjado una naturaleza propia para hacer frente a sus responsabilidades con sabiduría y coraje. La curiosa Neuro encabezará el centro de información para la perfecta coordinación de todos los territorios. Por su parte, Cardio coordinará los canales de comunicación y el abastecimiento entre las diferentes regiones. Hepato y su característica tenacidad dirigirán la obtención, el custodio y los gastos energéticos. Y la inquieta Linfo deberá preservar la defensa del reino, manteniendo el orden ante posibles revoluciones internas o ataques externos. Aunque sus cometidos son distintos, las cuatro deben ejercer su poder bajo el lema del Reino Corpóreo “Unidad, Linaje y Diferenciación”. Todas ellas deben preservar la unión del Reino trabajando de manera coordinada; asegurar la proliferación de su estirpe para mantener el linaje y promover la diferenciación de sus descendientes para garantizar una riqueza de caracteres.


Los días discurren y el legado familiar parece haberse consolidado. El Reino Corpóreo es testigo de cómo cada una de ellas trabaja sin cesar y se esfuerza, no sólo en cumplir con sus obligaciones, sino también en mejorar el rendimiento de sus tareas. La unión que mantienen las jóvenes les hace más fuertes y consiguen una sintonía perfecta, hasta que una de ellas rompe con el código familiar. Linfo comienza a empeñarse en fortalecer su ejército. A medida que pasa el tiempo insiste en aumentar la plantilla pues, se justifica, no es suficiente. Ante el temor de poner el Reino en peligro todas confían en ella, pero los días pasan y la proliferación de Linfo no cesa. Nada es suficiente para ella. No encuentra el límite. Se obsesiona. Y lo que había comenzado como una inofensiva defensa, se convierte en un incipiente ataque. El ejército de Linfo toma el control de muchos dominios, incluido el de Hepato. La situación se encuentra en un severo estadio, pues la agresividad no deja de propagarse y las hermanas no consiguen que Linfo entre en razón.


Neuro decide convocar una asamblea urgente con Hepato y Cardio. Tienen que detener esta situación. Linfo ha traicionado al Reino. La usurpación de los dominios está despertando la ira de sus habitantes. Hepato ha sido neutralizada por el ejército, Neuro trata de dialogar con Linfo y Cardio de negociar los abastecimientos con los rebeldes. El objetivo es claro pero los sentimientos comienzan a jugar sus bazas cuando Linfo embauca a sus hermanas para mantener algunos suministros. La batalla se descontrola y adquiere una dolorosa dualidad. Amor o responsabilidad. Los sentimientos hacia su hermana difuminan la protección del Reino. Buscan soluciones sin cesar. Pero solo existe una. Aquella por lo que han sido educadas. Su guía constante en el camino: el Lema del Reino Corpóreo “Unidad, Linaje y Diferenciación”. Linfo lo ha infringido todo y, por tanto, debe ser eliminada.


Las tres hermanas logran vencer sus sentimientos y planificar una fuerte estrategia, asediar a los rebeldes y provocar la rendición. Para ello, Cardio asume el mando y redirige las rutas de abastecimiento evitando los dominios tomados por los rebeldes. Neuro entabla conexiones internacionales con reinos vecinos que aporten armamento en la destrucción del ejercito de Linfo. Y Hepato, desde su resignación, trata de calmar a su dominio y confiar en que la mejor medicina para recuperar la región es la cooperación. Unidas consiguen detener la expansión y restablecer el orden acabando con el enemigo interno. Aunque ese enemigo era lo que más amaban.


Reinos cercanos habían sufrido las llamadas Rebeliones Cáncer y ellas creían haber tomado las precauciones para evitarlas. El sacrificio de Linfo fue un duro golpe para todas, pues siempre creían tener el control. Todo había sido analizado, todo excepto lo que no podían evitar. Aquello que procedía de nacimiento, que poseían dentro de sí mismas y con lo que el azar podía jugar. Nadie estaba exento. Un simple cambio. Una gran revolución.
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