Allá en el desierto

El presente, Egipto, cerca de Wadi Halfa
- ¡Siento el olor de una palmera macho!
El Dr. Jorge Lubinsky pensó que era una forma genial de empezar una novela.
- Además, mira al oeste, ¡llegaremos pronto a Wadi Halfa! – añadió el Dr. Moussa Naguib con un entusiasmo contagioso. Pisó el acelerador, y el jeep respondió levantando todavía más polvo.
En Wadi Halfa repostaron combustible y partieron para el desfiladero donde esperaban hallar pistas sobre el autor del papiro Cuatrecasas, un texto médico muy avanzado para la época.

Año 2102, Sede de Naciones Unidas, Sección de I+D
El equipo ya estaba preparado para el salto temporal. El ronroneo de la máquina estaba subiendo de volumen, y pronto los engulliría una luz cegadora que los transportaría atrás en el tiempo. Desde que los fanáticos del Círculo Ouroboros usaban esta tecnología para intentar cambiar la historia, estos saltos temporales se estaban tornando frecuentes.
Pero era la primera vez que el Círculo llegaba tan atrás en el tiempo, nada menos que hasta el antiguo egipcio. Las repercusiones de un cambio en la historia durante la antigüedad serían inimaginables. Gracias a las píldoras Crispr de modelado genético se mimetizarían con los autóctonos, y ya se habían descargado en sus implantes cerebrales el idioma, usos y costumbres del antiguo. Era fundamental tener éxito en la misión.

El presente, Egipto, un desfiladero al atardecer
- Cuándo escribamos un artículo sobre esto, ¡acordémonos de incluir al bar en los agradecimientos!
Moussa arqueó una ceja. ¡Ay claro! Jorge y él se conocieron en el bar de la Universidad de Torino. Ambos arqueólogos estaban realizando una estancia en sus doctorados. Las incertidumbres del doctorado son abundantes, así que un par de cervezas después, ya estaban compartiendo frustraciones. Jorge estudiaba los conocimientos médicos de los antiguos egipcios, y en concreto profundizaba en el pergamino Cuatrecasas. Contenía referencias a un templo de Sobek, si podía ubicar dicho templo, tal vez pudiera encontrar pistas sobre el autor del texto. Y casualidades de la vida, Moussa estaba realizando una cartografía de todos los templos conocidos del antiguo Egipto. Como le gustaba decir a Jorge: “Conversar es importante. No todos ignoramos lo mismo”. Empezaron a colaborar, y pronto localizaron el templo en cuestión. Ahora se encontraban realizando trabajo de campo en Egipto. Las pesquisas en el templo de Sobek les habían conducido hacía un desfiladero cerca de Wadi Halfa.
Pronto encontraron la tumba del médico. Aunque estaba prácticamente desvalijada (quedaban ya muy pocas tumbas intactas), los jeroglíficos de las paredes aún podían revelar mucha información. Jorge empezó a identificar los artefactos que aún quedaban y ponerlos en recipientes acolchados para su traslado a El Cairo. Empezó por un cofre lleno de lo que parecía ser instrumental médico. Moussa empezó a leer los jeroglíficos de las paredes.
- Anda, nuestro médico misterioso era un médico militar.
Jorge estaba absorto mirando un microscopio y no le escuchó. Se trataba de un formato de microscopio muy parecido al que construyó van Leeuwenhoek, apenas una pieza de metal con una lente de vidrio y un tornillo para acercar o alejar una muestra. Los dos arqueólogos estaban boquiabiertos. Siguieron buscando en el cofre. Al fondo unas chapas de identificación militar que contenían una fecha de nacimiento de 2071. Jorge fue el primero en hablar.
- Anda, nuestro médico misterioso era viajero en el tiempo.

Antiguo Egipto, una casa al anochecer
- Por favor abuelo, cuéntanos alguna de tus historias.
El abuelo miró de reojo al padre, que asintió divertido. El abuelo se aclaró la garganta, y los dos pequeños rieron.
- Venga va. Veréis, hace mucho, mucho tiempo, el malvado Seth quería destruir a Egipto. Para eso, envió a sus esbirros liderados por el general Ouroboros a sembrar la destrucción. Pero como sabéis, el mundo no está desprotegido, y Ra mandó su propia tropa de soldados combatir el mal.
- ¿Y tenían cara de ibis o babuino como los dioses?
- No cariño, estos soldados estaban disfrazados de egipcios cómo tú o yo para pasar desapercibidos. Buscaron y buscaron, y finalmente encontraron a sus oponentes, los soldados liderados por Ouroboros. La batalla fue feroz… sabéis, tenían armas terribles que no se habían visto en Egipto: pistolas, granadas de antimateria, ¡cosas horribles niños! Tan feroz fue la batalla, que solo sobrevivió el médico.
- Un médico que está con los soldados, ¡igual que tú abuelo! – El nieto más pequeño tenía los ojos como platos.
- Sí, igualito que yo. El caso es que durante la batalla se destruyó el dispositivo para volver con Ra, así que el médico se quedó en Egipto, donde ayudó a muchos soldados y muchos civiles con su medicina avanzada. Y se casó, tuvo un hijo, y unos nietos maravillosos. Fin de la historia.
- Abuelo, te inventas las mejores historias.
- Sí. Invento.
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