James y las flores cocineras

Había una vez un niño llamado James que quería hacerle un regalo a su papá. Él sabía que a su padre le gustaban mucho las flores, así que decidió comprar una semilla y plantarla para regalarle una flor que él mismo hubiese cuidado.
Al principio todo iba bien; puso la semilla enterrada en su jardín, rodeada de muchas otras flores que su papá tenía allí. La regaba con cariño, y por eso le hizo muchísima ilusión cuando vio al fin asomar un pequeño tallo por encima de la tierra. Siguió cuidando a la pequeña flor con esmero, pero entonces se dio cuenta de que estando ahí, su papá podría verla antes de terminar de crecer.
Como James quería que la flor fuese una sorpresa, la cogió con un trocito de tierra y la metió en un macetero. Después, la llevó a su armario y allí la dejó para que su papá no pudiese descubrirla antes de tiempo.
James pronto descubrió que su flor no crecía más, y que comenzaba a ponerse marrón. Él no podían creerlo, ¡su preciada flor se estaba marchitando!
Probó todo lo que había visto hacer a su papá con las flores: la regó más, intentó regarla un poco menos por si se estaba “ahogando” (como decía su papá cuando a una planta se le había dado demasiada agua), e incluso le habló y le cantó canciones para intentar darle ánimos para crecer. Pero la pobre flor no avanzaba.
Muy preocupado, James le explicó lo sucedido a su papá, y éste le preguntó cuál creía que podía ser la causa.
A lo mejor - dijo James - se siente sola porque la he separado de todas sus amigas del jardín. ¡Necesita una amiga!
Muy bien, vamos a comprobar si es eso lo que necesita.
El papá de James cogió un par de flores del jardín y las instaló junto a la de James en su armario. A los pocos días, las tres flores estaban empezando a ponerse marrones.
No era compañía lo que necesitaba… - sentenció James muy triste.
¿Qué crees que puede estar pasando, James? - preguntó de nuevo su papá.
He pensado que quizás es porque dentro del armario no hay aire, y tienen calor.
En ese caso, ¿qué te parece si las ponemos en la mesita de noche, justo debajo del aire acondicionado?
¡Sí! - respondió James muy animado, y puso allí las tres florecitas para que les diera el fresco.
Al sacarlas del armario, las flores mejoraron un poco, pero aun así no estaban tan resplandecientes como las del jardín. Sin embargo, James se dio cuenta de algo muy curioso: las tres flores tenían su pequeño tallo doblado hacia un pequeño rayito de sol que entraba por la ventana. Entonces, corrió a avisar a su papá de que ya sabía lo que les pasaba. ¡Necesitaban luz del sol!
El papá de James le ayudó a poner las plantas al sol, y a los pocos días estaban tan sanas como las del jardín. James no lo entendía, ¿acaso les había dado frío con el aire acondicionado? No podía ser, porque con el calor del armario también estaban marchitándose. Decidió preguntarle a su padre.
Papá, ¿por qué necesitan las flores que les llegue luz del sol? Si no es por el calor…
James, la luz del sol - dijo su papá - no aporta únicamente calor, sino también energía. Y esa energía es la que usan las plantas para fabricar su comida.
¡¿Fabricar su comida?! - preguntó James fascinado. - ¿Acaso son estas flores cocineras?
Algo así, - respondió el padre - son autótrofas. Esto quiere decir que fabrican su propio alimento. Para ello, utilizan el agua que les damos y el CO2 que cogen del aire, pero para poder convertir eso en comida necesitan la luz del sol. Es lo que llamamos fotosíntesis.
¡Entonces eso es lo que les pasaba a mis flores! ¡Tenían los ingredientes, pero no tenían forma de cocinarlos!
Se podría decir así - dijo el papá de James, muy contento de que su hijo hubiese hecho ese descubrimiento.
Al cabo de poco tiempo, la flor que James había comprado para su papá estaba tan bonita como las del jardín, y pudo regalarsela muy orgulloso de su esfuerzo. Pero sobretodo, de todo lo que había aprendido sobre las flores.

Gema Hernández Camacho
  • Visto: 102

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN