LA OPORTUNIDAD

Le urgía averiguar de que forma podría solventar la cuestión. Eran casi noventa días encerrado en el mismo espacio y ahora, alguien anunciaba que había que volver. Aquel artículo de prensa hablaba del regreso a las aulas, aunque no se especificaba nada más.
—¿Volver de nuevo? Pero… ¿cómo hacerlo?, ¿qué medidas de seguridad tendrían planificadas para alumnos y alumnas, profesorado, personal del Centro, personal de limpieza y familia. Desde luego—pensó—no creo que estemos preparados para enfrentar una situación semejante, por lo que es necesario encontrar una estrategia que evite una vuelta prematura.
Lo tuvo claro, su objetivo: recurrir a la ciencia, una ciencia tecnológica que pudiera dar la oportunidad a una educación desde casa.
Esta idea conllevaba un problema de dinero, un factor fundamental a tener en cuenta en cualquier plan a desarrollar; sin duda, ciencia y dinero se presumen muy cercanos y es bien conocido que cualquier nvestigación o producto tecnológico conlleva un alto coste.
—¿Cómo organizarlo?—se preguntó. Su mente no cesaba de discurrir posibles ideas, caminos y circunstancias que pudieran aliviar la situación, para muchos, insostenible. De aquella reflexión surgían ciertas preguntas pendientes de una respuesta.
—¿Podemos crear una aplicación de uso multitudinario, con un formato educativo?—se dijo a sí mismo. Un espacio en la red que pudiera retroalimentarse de los miles de aplicaciones que se pasean por ella. Se les podría solicitar colaboración a aplicaciones en este momento puntual en el cual nos encontramos y una vez superada esta situación, ellas podrían comercializarla para empresas privadas e instituciones interesadas.
—¿Un aula virtual? —se dijo entusiasmado—. Las aplicaciones de realidad aumentada, podrían proporcionar los avatares de cada uno de los alumnos y del profesorado. Ello permitiría tener un espacio donde se formularían miles de dudas y preguntas haciendo que la enseñanza se dirigiera en halas de un recorrido más motivador y dónde nadie se sintiera solo en su proceso de aprendizaje.
—¿Quién elaboraría esos contenidos, haciéndolos mas cercanos, más divertidos?, ¿quién produciría la grabación de esas lecciones? —siguió preguntándose— Contenidos que irían desde la más simple agrupación de sumas contadas con muñecos y personajes infantiles, a las más enrevesadas de las operaciones con integrales. Los adolescentes, ellos podrían ser la pieza fundamental. Ellos colaborarían creando esas materias, en una cadena sucesiva hacia niveles inferiores al de cada uno de ellos y a estos les precederían profesionales que a su vez les crearían los suyos.
— Pero, ¿qué hacer con los rezagados?, con esos a los que les encanta jugar a lo videojuegos por encima de cualquier deseo de aprender; para quienes pasar las páginas de un libro resulta una pesada carga?—, murmuró en voz baja.
Decidió que el recurso pasaría por establecer estamentos de aprendizajes donde para subir de nivel tendrían que superar pruebas que los llevarían al limite de su capacidad de imaginación: fases superadas a través de pasadizos secretos, misiones para socorrer a heridos en una situación de guerra; aventuras para descubrir claves secretas; donde las operaciones matemáticas; los conocimientos históricos y geográficos, biológicos , químicos,… serían las monedas de cambio. Nadie podría pasar de nivel sin haber superado antes el anterior. No es una falacia que el sueño de todo jugador es ganar, y aquí solo seria posible ese triunfo a través del aprendizaje. Cada nivel inundado de pruebas que le harían merecedores de alcanzar la siguiente . Ya no se trataría de robar bancos, o matar policías, sino de descuartizar problemas hasta hallar la solución; de crear ideas inspiradoras para la humanidad. Sería cambiar el horizonte dañino que algunos juegos promueven por una sociedad más solidaria y humana.
Aún le quedaba una cuestión a tener en cuenta y que le instaba a ser resuelta: ¿cómo poder solucionar el problema de los alumnos que se verían solos en sus casas, porque sus padres debían acudir a sus trabajos.
Una nueva idea vino a hospedarse en su mente. Era una realidad que muchas familias por causa de la pandemia habían perdido sus trabajos y carecían de ingresos. Así pues una solución podría llegar a través de crear una agencia de contratación de cuidadores. Estos padres verían resuelta su situación económica, al menos uno podría salir fuera a ganar un sueldo. Las personas pasarían a un registro y nuevamente, la ciencia tenía algo que decir: ”una pulsera digital” que permitiera filmar sus actuaciones, era necesario preservar la seguridad de esos niños; y aunque algunos hablaran de coartar libertades, solo la empresa y sus padres podrían tener acceso a la información.
El timbre de su despertador le despojó de su sueño, solo tenía media hora para prepararse. La Ministra había zanjado la cuestión, el profesorado acudiría tres horas por la mañana con quince alumnos en aula y tres horas por la tarde para el resto. “… mascarillas y gel en la maleta”.
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