La importancia de las pequeñas cosas

Érase una vez un pueblo muy pequeño, situado en un prado entre terrenos montañosos. Cerca del pueblo había un bosque donde se podía encontrar cualquier tipo de ser vivo, desde aquellos con células procariotas hasta los más complejos con células eucariotas. Exacto, aquel bosque era transitado por los habitantes del pueblo a diario, que convivían con muchos tipos de plantas, animales, fungi etc…
Durante el otoño y el invierno la gente solía ir a recoger leña al bosque para sus casas, pero aquel año muchos de ellos se quedaban unas horas de más allí, de fiesta, ensuciando aquello e incluso arrancando algunas plantas. Dejaban aquello inhabitable día si y día también, y los animales empezaron a darse cuenta, y no salían, se quedaban en sus madrigueras, nidos… Las plantas no daban sombra y estaban siempre de capa caída, tristes y oscuras. Esa primavera fue muy dura porque todo el bosque estaba lleno de basura, sin vida y las consecuencias estaban empezando a aparecer.
El primero en darse cuenta fue el apicultor, sus abejas no daban miel, se comportaban de manera muy rara, atacándolo con frecuencia y comiendo muy poco. También se dio cuenta el agricultor, que por mucho que dijesen que la basura es buen fertilizante, en su huerto había únicamente una mata de tomates que le había dado fruto, pero eran feos e insípidos. El ganadero también se dio cuenta que su ganado actuaba raro, daba leche, pero esta era la más agría del mundo, parecía limón y así con tantas profesiones hasta que de repente en el pequeño colegio del pueblo, el maestro organizo una excursión para limpiar el bosque y explicarles a sus alumnos lo que estaba ocurriendo.
Como los humanos habían alterado el hábitat del resto de seres vivos, cambiando sus condiciones y modos de vida, estos habían dejado de realizar las funciones básicas de los seres vivos, o lo hacían de manera distinta. Nada más llegar al bosque, los alumnos vieron que así las abejas y demás insectos no podían polinizar y por tanto muchas plantas no pudieron reproducirse, y tampoco las abejas daban miel. Con tanta basura por ahí, muchas plantas tenían dificultad de crecer en ese medio y muchos animales, como las vacas se quedaron sin comida, por lo que su leche era mucho más agria. Tanto plástico como había por el bosque no permitía al agricultor cultivar de manera adecuada, ya que había mucha contaminación en el suelo…entonces al ver todo aquello los alumnos se quedaron conmocionados y empezaron a recoger y limpiar todo. Al caer el sol el bosque estaba limpio. Los animales estaban muy sorprendidos y empezaron a salir y jugar con algunos niños, de repente empezaron a brotar plantas del suelo y el bosque había recuperado toda su vida y su esplendor gracias a la ayuda de los niños que habían devuelto la normalidad al bosque.
Los niños aprendieron una lección muy importante ese día, no podemos alterar los ecosistemas o hábitat de los seres vivos a nuestro antojo, porque cualquier cambio que no permita a los seres vivos hacer sus funciones básicas alterarían la vida de los humanos, haciendo esta mucho más complicada.
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