Ay, mis termitas...

Dicen que ningún rey reina para siempre. ¿Y si no supieseis quién os gobierna? La mejor forma de ocultar un secreto es hacerlo evidente. Por eso permitimos que nos recolectéis, que nos explotéis. Que disequéis nuestros cuerpos en tintes y que nos exprimáis en productos sanitarios. Y aun así no os habéis dado cuenta…

Recuerdo cuando mis compañeros contactaron con vosotros. Os enseñaron un modo distinto de sentir el mundo, de comprenderlo, pero nos confundisteis con vehículos de los dioses. ¡Qué adorables! Aunque nunca imaginamos que llevaríais esa ficción tan lejos. Nuestro hogar, los bosques, los ríos, el planeta Tierra, todo arrasado. ¡Apenas nos dejáis espacio! Y, sin embargo, seguimos manteniendo nuestro mandato en secreto. ¿Fue Chernóbil un desastre? No para nosotros, los hongos.

Estáis acabando con parte de mis compañeros, pero otros todavía resistimos. No vais a conseguir acabar conmigo. Soy Termitomyces, el rey de las termitas. Vuestros científicos os habrán informado de cómo la colonia trabaja para mí. Cómo mis termitas se encargan de proporcionarme alimento, cómo se aseguran de que yo y sólo yo me reproduzca en la colonia. Ellas, como vosotros, dispersan mis esporas. ¿Acaso creéis que no hacéis los mismo cada vez que arrancáis mis cuerpos fructíferos para comerme? Sois mis termitas con vértebras.

¡Soñad cuanto queráis! Podéis seguir creyendo que sois los reyes del planeta, la mejor obra de la evolución, que estáis cavando vuestra propia tumba. Ay, mis termitas… Ningún rey reina para siempre.
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