El viaje

Hoy voy a huir de mi hogar, de mi familia. Voy a dejar todo atrás, sin equipaje. Necesito salir de aquí, esto hace algún tiempo que se me hace pequeño, que no me vale. Cuando miro hacia atrás, no entiendo cómo podía ser feliz así, aquí. Hay tantas normas, tantas restricciones. Recuerdo poco de los comienzos, de mi infancia. Somos una familia numerosa. No sé nada de mi padre, es como si no hubiera existido. Hasta donde yo sé, sólo he tenido madre. Y hermanas. Somos tantas que mi madre nunca se esforzó en ponernos un nombre. Sí recuerdo que antes no vivíamos aquí. Viajamos desde otro lugar, muy confuso en mi mente. Sólo pinceladas. Nunca me contaron los motivos, pero no parecía una huida, no tengo esa sensación. Recuerdo ir todas juntas, cogidas de la mano, abrazadas, recorriendo lugares desconocidos, guiándonos por el olor, siguiendo una brisa, una esencia. Cuando llegamos aquí, nos habíamos hecho adultas. Habíamos madurado. Aquí las normas son muy fuertes, o somos nosotras las que hemos cambiado. Ya no sé. Pero no estoy a gusto. Mi madre murió hace algún tiempo. Se quedó dormida. No habla, no come, está, pero no está. Tantos partos debieron pasarle factura. Aquí, sólo se nos permite tener hijas ocasionalmente. Cuando al gobierno le parece oportuno. Las restricciones a la natalidad son muy severas. Matan a aquellas que no las cumplen. No nacen niños. Dicen que es nuestra genética, lo que sea que eso sea. Vivimos en un espacio reducido, cubierto por una cúpula. Nuestra casa está cerca y puedo verla. Es opaca, no se ve el exterior, pero tiene que haber algo allí. Veo los camiones que entran con la comida y salen con los desechos. Hay túneles que nos conectan con el exterior, pero nunca vi una entrada ni una salida. Creo que nos echan algo en la comida. Algo que nos vuelve sumisas. Sin ambiciones, sin imaginación, sin sueños. Algo pasó un día, que me despertó. Algo, una fuente de energía, atravesó la cúpula, como si no existiera, sin esfuerzo. Penetró en mí y me despertó, me cambió. La comida ya no me aletarga. Llevo un tiempo haciendo planes, preparando mi viaje, a la vez que disimulo. Nadie puede notarlo, sería el fin. Y yo quiero ver más allá, más allá de la cúpula. Esa fuente de energía me hizo conectar con la niña que fui. Me dio alas. No pienso perder eso. El contacto con mis hermanas ya no es igual. Algo me impide estar con ellas como antes. Ahí están, todas abrazadas. Yo disimulo y las sujeto, pero con poca fuerza. A escondidas he comenzado a horadar la cúpula. Sólo estiro un brazo por la ventana, y con las uñas, que he dejado crecer sin cuidado alguno, araño un poquito todos los días. He estado haciendo estiramientos, aumentando la flexibilidad. Ayer pude ver lo que hay más allá. Da miedo, está muy vigilado, pero he cosido un disfraz, que me ayudará a pasar desapercibida. También he notado esa brisa de la infancia, me llama a mi destino. Escuché a los guardias hablar de ese paraíso. Está lleno de aire. Se puede respirar, hay árboles donde quiera que mires. Esta será la noche. Mi viaje está a punto de empezar. Voy allá, a eso que llaman pulmón.
  • Visto: 128

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN