EL CHACO

Mi hermana menor escucha frente al computador la melodía de Jurassic Park, y yo no puedo evitar pensar en los dinosaurios y su fin. Me pregunto cómo habrá sido mirar hacia el cielo y observar una gran luz acercándose de manera vertiginosa hacia el planeta. Pero luego pienso que las aves también son dinosaurios por lo que se podría decir, ellos tuvieron su segunda oportunidad. Pero… ¿Y nosotros? ¿Tendremos la misma “suerte evolutiva” si El Chaco llegase a impactar de forma catastrófica nuestro mundo? Hay alguien que conozco y creo que puede tener una respuesta a esto. Mi tío Ascencio.
Salgo en la bicicleta rumbo a casa de mi tío. Hay una lluvia tremenda. El cielo está teñido de un gris extraño. Dicen que acá en el sur siempre el clima es así, pero no sé. Hay algo que me inquieta. Alzo la mirada unos segundos. Me siento como un Diplodocus asustado ante lo inminente.
A mí me dicen Marty Mcfly porque siempre me ven con mi tío, a quien tildan de científico loco. La verdad no puede ser más lejana: es una de las personas más inteligentes que conozco. Daba clases en la universidad e inventó aparatos que ayudaron a muchas personas en la comunidad. Él fue el primero que me habló acerca de los meteoritos, las estrellas, los asteroides y los exoplanetas. Hablar con mi tío es como tener frente a ti al traductor del espacio, al starman a quien David Bowie describió en una canción. Si no fue astronauta se debió a su gran compromiso con la gente, aquí en la Tierra. Como él mismo me dijo una vez: El universo es maravilloso. Pero acá abajo habemos millones de personas con universos igual de asombrosos.
Al llegar a su casa, me percato que algo no anda bien. Veo fragmentos metálicos en el suelo, como si hubiesen hecho pedazos una juguera o algo así por el estilo. Además, la puerta de la casa está abierta. ¿Lo habrán asaltado? Dejo mi bicicleta apoyada en un árbol y entro. Llamo a todo pulmón a mi tío. Pero no contesta. Siento temor. De pronto, escucho un silbido. Me asomo por una ventana: ahí está mi tío Ascensio, sentado en el gran patio, silbando una melodía mientras observa el cielo. Se está empapando pero parece no importarle. Me acerco y me coloco a su lado.
-Tío, ¿pasó algo?

Él, sin observarme, siempre atento al cielo, continúa silbando. Entonces se detiene.
-¿Te acuerdas cuando eras más pequeño y te conté que algún día un meteorito nos podría impactar?
-Sí, lo recuerdo muy bien…
-Yo fui parte de muchas investigaciones al respecto. Colaboré con Vesconi y Cerruti para calcular el magnetismo de antiguos meteoritos caídos. Y en esos días ya sabíamos que un asteroide, al que llamamos El Chaco, entraría por la atmósfera, pero no se desintegraría formando meteoritos. No, sino que golpearía el planeta con su mayor parte másica intacta. Un solo fragmento podría pesar casi 30 toneladas. Imagínate… En aquel tiempo la gente solo tenía las imágenes que el cine había creado en sus mentes. Pero lo que se avecinaba sería algo tremendamente más desastroso…
-¿Te refieres a que podría destruir el planeta?- pregunto conmocionado.
-No… Pero sí esta civilización.

Veo una sonrisa en su rostro. Eso me deja confundido.
-¿Y qué podemos hacer?
-Bueno… Había un proyecto secreto que la NASA y distintas autoridades nos habían confiado a mí y a un equipo de científicos expertos en geología, astronomía y astrofísica… Ese proyecto lo habíamos estado trabajando durante años. A grosso modo, se trataba de un gran taladro magnético que sería disparado hacia el centro de El Chaco, creando en él grietas que finalmente lo desintegrarían.
-¿Y dónde está ese taladro?- estoy demasiado ansioso.

De nuevo, mi tío ríe.
-Ahí está- entonces me indica decenas de pedazos metálicos que yacen repartidos sobre la hierba.
-Pero, ¿qué pasó?
-Al parecer, un grupo de personas con poder creyó que estábamos trabajando en alguna máquina para mejorar la agricultura. No querían tener competencia en sus negocios y bueno… Mandaron a abrir mi galpón y destruirla.
-Pero… Pero, ¿y la puedes volver a construir?

Mi tío suspira.
-Ya no sé si debamos salvarnos… Desde que quitaron las ciencias como un ramo obligatorio en los colegios, siento que da lo mismo todo.

Entonces, de pronto, una enorme luz se asoma en el cielo. Mi tío sonríe y silba la melodía de Jurassic Park


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