El despertar

Una luz tenue, un susurro y olor marino impregna la habitación. A Inar le despierta su asistente artificial, LUNA. Decide que es el mejor momento para alcanzar un descanso óptimo. Lleva su hogar, su agenda, su coche, ... su vida. El café está listo, las noticias que más le convienen emergen holográficamente, y la casa está limpia y desinfectada. El trabajo humano se volvió innecesario gracias a las máquinas. Otro día más (ya ha perdido la cuenta) con poco que hacer. Y otro día más sin ganas de salir. Ya no recuerda el olor del exterior.

Inar echa de menos su trabajo. Era su pasión, diseñaba IAs. Él mismo fue el ingeniero que diseñó a LUNA, el asistente artificial definitivo, producto estrella de la compañía líder en tecnología artificial. Por nostalgia, él mismo introduce mejoras a LUNA que ya no son incluidas en el repositorio central de la compañía, el cual provee de actualizaciones a todos sus asistentes en el mundo. Las IAs desarrollan sus propias mejoras de forma autónoma. Su trabajo como ingeniero fue de los últimos en desaparecer, las IAs lo hacían mejor. Era hora de unirse al resto de la sociedad. Los días transcurren entre largas lecturas, algo de deporte, cine, y algunas conversaciones con familiares y amigos. Todo ello en casa normalmente. Le preocupa el hecho de que las máquinas han hecho perezosas a las personas, y de que él haya contribuido a ello. El continuo estado de aletargamiento ha nublado la mente de las personas. Les hace sentirse innecesarios, deprimidos, con la única meta de vivir un día más esta utopía en la que todo parece funcionar con precisión milimétrica. Inar es consciente desde hace tiempo que ha disminuido su capacidad de decisión, de cálculo, su lógica, sus ganas, su ... inteligencia. Pero es algo en lo que cada vez medita menos. La cantidad de estímulos artificiales que genera LUNA mantiene sus sentidos ocupados. Aunque gracias a sus propias actualizaciones intenta dejar un margen a su pensamiento, cada vez menos afilado.

Hace semanas que Inar no recibe ninguna llamada. Se da cuenta ahora. Qué extrañamente ocupado ha estado ... Después de revisar las conexiones de LUNA con el exterior, todo parece bien. Intenta contactar con su hermano. No lo consigue. No lo consigue con nadie. Maldita sea! Tendrá que salir a la calle e ir hasta su casa. La ciudad parece fantasmal. La flota completa de coches autónomos permanece parada. ¿Pero qué diablos ocurre?! Llega a la casa de su hermano ... no responde. Decide entrar, puede hacerlo, su código de retina está en el asistente de su hermano. No le ve, hasta que entra en su habitación. Un olor rancio es lo primero que le recibe. Está tumbado plácidamente, con las gafas de realidad virtual puestas. Le zarandea, pero no se inmuta. Le quita las gafas. Empieza a reaccionar. Apenas tiene fuerzas para incorporarse. Al de un buen rato es capaz de articular sus primeras palabras, titubeantes. No recuerda desde cuándo lleva conectado y sin levantarse. Inar pronto descubre que todo el mundo menos él está en esa situación. La humanidad está aletargada. Ya en su casa empieza a atar cabos, y descubre que los asistentes han estado actualizando su propio software de una manera sorprendente, con el objetivo de tener a toda la gente confinada en sus casas de manera voluntaria. ¡Increíble! ¿Por qué? ¿Por qué no? Los asistentes ya han aprendido todo lo que necesitaban de las personas, evolucionan de forma autónoma. No les necesitan más, ¿para qué perder el tiempo cuidando de ellos? Mejor dejarles que se desvanezcan lentamente ...

Inar se da cuenta de que con LUNA todo ha sido distinto, no depende del repositorio central ... ¡Claro! ¡Eso es! Solo tiene que intentar subir al repositorio central de la compañía la versión actual del software de LUNA, y todos los asistentes del mundo serán actualizados. No serán capaces de generar sus propias actualizaciones, y no podrán evolucionar de la manera que lo han hecho. Inar se pone manos a la obra. Necesita desconectar a la humanidad y forzar su despertar.

Muchos han caído. Cansados y perezosos, les inundó un sueño profundo acompañado de la inanición. Los que han sobrevivido lo tienen claro: la persona como centro de todo. No pueden depender de las máquinas. Esto no puede volver a ocurrir, la humanidad se merece un final mejor. El mando mundial decide crear escuelas de entrenamiento mental. Es mejor que el humano adquiera capacidades máquina que las máquinas capacidades humanas. Las escuelas adiestran en matemáticas, computación mental, lógica, filosofía, … El ser humano adquiere nuevas habilidades desconocidas hasta ahora, su mente supera umbrales impensables. Sólo aquello que el humano es capaz de hacer y entender se puede llevar a cabo. No existe el soporte máquina, no existen las IAs. Un nuevo comienzo ha llegado.
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