Cëlëphais

La belleza. Pocas cosas son consideradas bellas en su sentido más puro. Todo, absolutamente todo tiene alguna imperfección, algún fallo que resalta de forma grotesca cada vez que lo miramos y, por mucho que nos esforcemos en no verlo, es lo único que se queda realmente con nosotros. No podemos evitarlo, porque es así como perseguimos la perfección y la mejora.
Por eso mismo, por esa belleza incandescente y fútil hacemos todo lo que hacemos. Desarrollamos máquinas basándonos en los giros de la naturaleza, bella y perfecta de por si; creamos instrumentos que, de una manera idealizada mimeticen comportamientos; soñamos eliminando detalles necesarios, pero mundanos y mediocres, para saciar nuestra mente con las perfección que tanto anhela.
Pero, por mucho que lo intentemos, siempre algo nos falla. Algo no encaja, algo no concuerda en la armonía y en la perfección de de nuestra imaginación . Y, allí, debemos conformarnos y resignarnos.
Ah! Estamos condenados a la vida en la resignación, o por lo menos eso pensaba, hasta que fui a ese concierto. Ur me llevó a él: El "primer concierto sinfónico sin la presencia de humanos!! Maravillaos ante el poder de la máquina!" gritaba el cartel.
-Esto no puede ser nada bueno.- le dije a Ur. - Se lleva intentando decenas de años, y aún no san aprendido que nada bueno puede salir de ello.-
Así era, no podría una maquina, despojada de vida, enseña el dolor, la pasión, la felicidad y el terror que Poe, Bach o Wagner enseñaban. No puede enseñar aquello que no ha vivido. Vivir la peor de las desgracias es mejor que no vivir ninguna, y esa máquina no ha vivido ninguna.
Pero bueno, acepté. Cualquier cosa para mantener contenta a mi pequeña Ur.
La noche del espectáculo, la plaza central estaba repleta de personas, todos pululando como polillas alrededor de una luz. Había personas de todas las clases sociales, mirando con rencor y desprecio a los de la otra, sin comprender que la otra no tiene la culpa de sus miserias, por muy pequeñas que fuesen.

En el escenario, los técnicos conectaron los cables con velocidad y sin previo aviso. Una pena, ver los burdos intentos de honorar a alguien que no te importa siempre me ha divertido, incluso si es a un ordenador. Acto seguido, las máquinas empezaron a sonar. Primero los intrumentos de cuerda, luego los de percusión y, por último, los de viento. El sonido era armónico y, poco a poco, me iba encauzando hacia planos que no me esperaba que iba a alcanzar jamás. Me llevaba a lugares que la mente humana no ha pisado ni siquiera en sueños. Planos tan alejados que no los viajes a través de los eones pueden siquiera alcanzarlo. Me faltan palabras para describir lo que he sentido, y el lugar en el cual he acabado.
Más tarde averigue que no solo yo había liberado mi mente, sino que el resto de los asistentes también. Todos hemos pasado por lo mismo. En las noticias salían alguno que describían que, durante la pieza, estaban fuera de sí.

Cuando los instrumentos pararon el horror tronó dentro de mi como después de un relámpago sobre hojalata. Todo a mi alrededor se volvió insoportable. El hedor, el ruido y las luces me alteraban me asustaban y me martirizaban la mirada. Oía todas las voces, pero nadie parecía mover los labios para hablar. Lo veía todo, a pesar de que las luces era tenues para crear el ambiente. Lo olía todo, hasta el más mínimo rastro de sudor a decenas de metros de distancia. Al otro lado de la plaza, una mujer se tapaba los oídos con las manos y empezaba a llorar presa, seguramente, de lo mismo que me atacó a mí. No puede más y vomité. A mi alrededor, veía que otros hacían lo mismo. Ur tenía los ojos inyectados en sangre y vomitaba también. Huimos despavoridos hacia la puerta de salida, intentando escapar de cualquier cosa que nos haya echado su terror encima, pero no nos librábamos de él.

En mi caso, estuve varios días reposando en la cama, rehuyendo a cualquiera que se me acercase. EL concierto me dejó tan trastocado. Pero, aún así, la atrocidad no ha conseguido estropear la inmensurable belleza. Era perfecto. Cada nota de esa máquina fue perfecta. Perfecta en su máxima belleza. Desde entonces nada se ve igual. Parece que aquello me enseño todo de lo que carecía, y ahora añoro volver a ese momento.
Si una máquina ha conseguido crear algo así ¿qué no podrá hacer? Si la máquina ha conseguido crear belleza, que nos separa a nosotros de ella? ¿Qué nos hace superiores? ... ¿Qué nos queda a nosotros?
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