ELISA Y SU COLMENA

Chicos, aún recuerdo cómo empezó nuestra colmena, y como yo, Elisa, llegué a ser vuestra Abeja Reina.
Como ya sabéis nuestra antigua reina, entre los muchos huevos que ponía, creo que llegan a ser 3000 diarios, puso uno que tras 15 días de metamorfosis siendo larva, y no siendo fecundado por nuestros zánganos, llegué a ser yo. Pero una parte muy importante, fue la alimentación que me dieron nuestras abejas obreras… Mmmmm, sí, esa deliciosa Jalea Real.
- Sí, pero por favor, Elisa, cuéntanos también la historia de tu lucha de pequeña – dijo una abeja obrera
- De acuerdo, si insistes. Nosotras cuando nacemos tenemos que ser muy rápidas, y matar al resto de larvas de los huevos reales. Además, en mi caso ya había una abeja reina, de la que estábamos hablando antes. Pero yo estaba allí preparada para sustituirla. Hasta que un día, de repente, me armé de valor y luché para echarla de nuestra colmena. Sin embargo, a ella nada le pasó, unas abejas obreras muy fieles y ella se fueron a construir otra colmena – dijo Elisa
- Pero ¿cómo se forma una colmena? – dijo uno de los zánganos
Vale, creo que debo empezar por el principio a explicaros unas cuantas cosas. Como sabéis no somos las únicas abejas del mundo, ¿verdad?, hay casi 20.000 tipos de abejas diferentes, y nosotras somos las más comunes, las melíferas. El único sitio en el que no podemos vivir es donde haga mucho frío, como en la Antártida.
Una colmena es muy compleja y grande. Cada una tiene al menos 50.000 panales.
- ¡Sí!, y nosotras somos las encargadas de fabricar la cera para construir las celdas hexagonales de cada panal – interrumpió una abeja obrera. La cera sale de nuestro abdomen, y con las patas lo llevamos a nuestra mandíbula para mezclarlo con saliva, polen y propóleo, y así conseguir una mezcla mejor para las celdas. ¡Ya veréis que nosotras somos muy trabajadoras! Además de eso, nos encargamos de vigilarlas y limpiarlas, incluso regulamos la temperatura.
Muy bien dicho compañera. Además, en algunas de esas celdas yo pongo los huevos y en otras almacenáis las reservas de miel, ¿verdad?
- ¡Qué ilusión poder contar esto! – contestó otra abeja obrera. Otra de nuestras funciones es salir a por néctar y polinizar. Gracias al pelito de nuestro cuerpo se nos puede pegar el polen. Pero lo más importante es que en nuestras antenas tenemos nuestros sentidos del olfato, oído y tacto. ¡Es así como podemos localizar las flores!
Esta es una parte muy importante – contestó Elisa. Nosotros somos un tipo muy importante de polinización de las plantas, la zoófila. Tenemos una relación de mutualismo muy importante con ellas.
- Elisa, ¿a qué te refieres con el mutualismo? – contestó un zángano
¡Muy buena pregunta! Pues resulta que la polinización es muy importante para las flores, porque es así como se reproducen. Y para nosotras, como ya sabéis, por una parte, es muy importante para nuestra alimentación ya que gracias al polen se alimentan las larvas; y con el néctar nosotras podemos reponer la energía.
- Claro, y, además – interrumpió otra abeja obrera, nosotras producimos así la miel. Gracias al néctar que recogemos de las flores, después le reducimos la humedad en la colmena y lo mezclamos y enriquecemos con enzimas.
Exacto – comentó la Abeja Reina. Por tanto, como podéis ver ayudamos a mantener el equilibrio del ecosistema.
- Oye Elisa, ¿no vas a decir nada de nosotros? – preguntó un zángano.
Claro, vosotros sois muy importantes también. Para empezar, nacéis de huevos no fecundados, y al no tener aguijón necesitáis de nuestras abejas obreras para poder alimentaros. Además, sois los que me fecundáis.
- Sí, es una de nuestras pocas tareas. Quiero contar yo lo del vuelo nupcial – dijo otro zángano. Algunas veces, la reina sale de la colmena y nosotros vamos detrás. Ella se apareará con el más fuerte y lo matará. Después, el resto de nosotros como estamos tan cansados del vuelo, podemos ser capturados y matados por las abejas obreras. Los pocos que sobreviven, como no pueden comer solos, tienen peligro de morir también.
- Vosotros, los zánganos sois todos machos, y nosotras las abejas obreras somos todas hembras. Como ha dicho mi compañero, nosotras entre todas las funciones ya vistas, les alimentamos a ellos y a la Abeja Reina. Además, nos encargamos de cuidar a las más jóvenes. Nosotras cuando picamos a los humanos morimos, ya que dejamos nuestro aguijón y parte del abdomen en ellos.
Muy bien dicho todo chicos. Yo, sin embargo, aunque pique no muero.
Gracias a esta colaboración contando las experiencias hemos podido ejemplificar un poco mejor la colaboración que tenemos todos y cada uno de nosotros en la colmena y en todo el ecosistema.
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