¡Cuidado maestra!

La maestra Isabel camina todos los días desde su casa hasta el colegio. A paso ligero transcurre 2,5 Kilómetros. El médico le recomendó esta opción al ver que sus piernas mostraban señales de cansancio. ¡Claro! Como algunas maestras, prefiere estar de pie por muchas horas. Su grupo de estudiantes así la describen: “la profe es un trompito, da muchas vueltas”, “está atenta a todo, se acerca a ti cuando te ve triste”, “ella no pasa indiferente ante alguna mueca de duda”.
La maestra estudió las opciones para su traslado. Por el subterráneo era imposible. Esperaba más de 30 minutos el vagón y, por lo general, cuando los abordaba se encontraba con una sorpresa calurosa. No tenían aire acondicionado. Con la concentración de numerosos usuarios aumentaba la temperatura y rápidamente sudoraba. La distancia entre personas era menos de 10 cms. Imagínense esa escena. Cuando llegaba a la escuela siempre la veíamos consumir mucha agua y un poco agotada. Aún así, no descuidaba su presentación. Con cierto disimulo la observábamos mientras arreglaba cuidadosamente su traje.
La camisa blanca, la falta larga y los zapatos negros forman parte de una tradición de sus antepasados de maestras. Le dan comodidad y confort, así puede compararse con un trompito al estar muy activa caminando de un lugar a otro. Y ¿cuáles zapatos usa? ¿de goma? No, de medio tacón (2 cms). Le da equilibrio entre la parte delantera y el hueso del talón.
Gracias al uso de Google Maps Isabel revisó las calles, escogió la vía en forma de hipotenusa para llegar más rápido. ¿Lo recuerdan? Aquella clase de Matemática en la cual nos hablaron de Pitágoras. Esa fórmula la aplica diariamente. Más allá de disfrutar su uso, también ha aprendido a cuidarse de aquellas conchas de cambur, dispuestas en el piso que, de forma irresponsable algún consumidor olvida.
El viernes de la semana pasada mientras iba en el coche de mi papá la vi. Ella estaba cantando, extasiada con los aromas de frutas y colores del local de la esquina. Se resbaló, al tiempo que grité: ¡Cuidado maestra! Inmediatamente acudieron a mi llamado unos señores y la ayudaron a estabilizarse. La maestra Isabel había perdido el equilibrio, ya no estaba su cuerpo en forma vertical, se acercaba al piso. Ella un poco apenada se ruborizó. A mí también me sucede eso. ¡Claro! ¡Por motivos diferentes! Cuando hago alguna travesura en clases y me llaman, siento cómo mis mejillas comienzan a hervir. Leí en Internet que es algo natural, le sucede a muchos animales, solo que a nosotras nos ha pasado porque estamos conscientes del impacto de nuestras acciones. La maestra pudo caerse y lastimarse.
Así que querida maestra, siga caminando. Conoce más esta ciudad que muchos geógrafos y urbanistas. La saludan con respeto y no deja de llegar puntual al colegio.
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