Dinosaurios y materia oscura

La cuarentena me pilló con la niña en casa. Mi plan era escribir un gran artículo sobre cosmología, pero la niña quería salir a jugar. Hay monstruos en la calle y no podemos salir, le dije. Si sales, te comerán. La niña, lejos de asustarse, quería saber cómo eran esos monstruos; así que, inspirado por una enciclopedia de dinosaurios, que leí cuando era crío y me entusiasmaba todo lo relacionado con esos bichos, empecé a dibujar criaturas reptilianas durante los descansos que me tomaba mientras escribía el artículo, que eran muchos. La niña, quedó tan impresionada por aquellos engendros esbozados con boli Bic, que dedicaba las mañanas a mirar por la ventana del salón, fascinada, inspeccionando la calle vacía, como si en cualquier momento fuese a aparecer por la esquina un triceratops con algún cuerno de más; o vigilando el cielo, buscando los pterodáctilos de cinco alas.

El artículo iba mal. Estaba tan atascado que tenía ganas de llorar. Un colega profesor me recomendó escribir a mano, con papel y boli, pero al cabo de tres frases imprecisas, el folio terminaba lleno de dinosaurios con un número impar de patas o pasados por alguna transformación no topológica.

Dos o tres semanas después, la niña seguía sin encontrar a los monstruos, y dedicaba menos tiempo a mirar por la ventana. Yo había tratado de alargar el asunto lo suficiente para mantenerla entretenida: unos días, pensaba, y será suficiente para terminar este artículo del demonio. Pero los días pasaron y la niña comenzó a sentarse a mi lado, y me observaba durante horas, y me preguntaba cosas. Papá tiene que trabajar, le decía: ella se iba al sofá, y yo continuaba dibujando dinosaurios.

Pero un día no se fue, y se quedó a mi lado todo el día, mirando el monitor de mi ordenador, ocupado por el color blanco del Word, que contenía unas pocas frases y un título provisional: "Nuevos indicios sobre el origen de la materia oscura". Me dijo que sabía que yo estaba bloqueado y que me ayudaría con mi trabajo. Le pregunté: ¿sabes algo de materia oscura?

Ella no sabía nada, claro, pero podía aprenderlo. La materia oscura, empecé a explicar a la niña, puede ser una partícula con propiedades gravitatorias peculiares, aunque también dicen que es un estado dinámico que no conocemos. La niña arrugaba el morro, pensando. También podemos modificar toda la teoría de la gravedad, continué, pero es un follón porque cuando has resuelto un problema, lo normal es que generes otros diez, que antes no estaban. Esa primera sesión, de muchas, terminó con la siguiente ocurrencia: quizás la materia oscura oculta algo, por eso se esconde, dijo la niña.

Pocos días antes de terminar la cuarentena, tenía completado el primer borrador del artículo. Sospeché con alegría que antes de volver al trabajo lo habría enviado a alguna prestigiosa revista de cosmología. La niña ya sabía bastante sobre materia oscura, y yo solía pedirle que lanzase cualquier idea que se le ocurriese sobre el asunto. A veces le hacía preguntas concretas. Como la niña no tenía bagaje científico, no conocía la teoría de la gravitación clásica ni las ecuaciones de la relatividad general, sus respuestas seguían una lógica totalmente opuesta a la de cualquier científico. Por ejemplo, ante mi pregunta acerca de cómo cazarías algo invisible, ella respondió que poniendo un cebo invisible. Otra mañana, después de haber inspeccionado la calle a través de la ventana de la cocina y fracasado en su intento de encontrar al triceratops de cinco cuernos, se sentó a mi lado, con un rictus de frustración, y dijo: a lo mejor la materia oscura ha matado a los monstruos.

Envié el documento la noche antes de volver al trabajo y reencontrarme con mis colegas científicos, que me felicitaron por ello. Esa tarde rechazaron el artículo, y antes de dos semanas, lo tiraron en otras tres revistas. Entonces, me senté con la niña en la mesa del salón, donde habíamos colaborado todos esos meses y después de varias horas, teníamos un nuevo artículo, mucho más potente, titulado: "La materia oscura extinguió a los dinosaurios".

Dos días después de enviar el nuevo trabajo a otra importante revista, recibí un correo del editor, sugiriendo que probara suerte en una editorial de ciencia ficción.

Y eso hice. "Dinosaurios y materia oscura" fue un gran éxito, premio Minotauro 2022. Escrita en colaboración con mi niña durante el confinamiento por el COVID-21, mientras ella devoraba todos mis libros de física y cosmología. Ahora, durante el confinamiento por el MIVID-45, escribo este prólogo al quinto volumen de "Dinosaurios y materia oscura", y mi querida niña, cosmóloga de renombre mundial, me comunica desde su casa de California que se acaba de ventilar la última pregunta acerca del origen de la materia oscura.
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