ASTRONAUTA SUBACUÁTICO

Un viejo farero solitario está sentado al borde de un acantilado, a solas con su pensamiento, introspectivo, frente a un mar desconocido. Lo siente como un reflejo de su alma, que se enfrenta por las noches a sí misma. Desde aquí arriba, mientras contempla el cielo, escribe en un papel:

“Como astronauta subacuático mi nave es un submarino y las estrellas a través de las que viajo son microscópicos seres que flotan ingrávidos en la gran masa azul. En este universo silencioso, en el que solo escucho mi respiración en el interior de una escafandra, nunca estoy solo. Aunque parezca un inmenso desierto, la vida se estremece a mi alrededor: luz y abismo, rocas, arrecifes, verdes praderas y formas animales imposibles… Y es que el mar, la Madre Mar, lo es todo porque todo proviene de ella. Es infinito hogar, donde nada me duele ni pesa porque mi carga es menos densa y sus olas se la llevan. ¡Aquí los hijos de las mareas somos libres!”.

Cuando regresa de sus ensoñaciones submarinas y termina de escribir, dirige su mirada al océano mientras sus manos doblan de memoria el papel en forma de barco. En ese momento, tiene una revelación y piensa en voz alta:
− Es imposible no sentirme pequeño, pero estoy bien: mi luz llega muy lejos y los barquitos de papel llegarán a puerto.
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