El espejo

El espejo

Había escuchado que científicos de la NASA investigaban con rayos cósmicos en la Antártida aventurando una nueva teoría sobre el estallido del Big Bang y su desdoblamiento en dos universos paralelos que iban en sentido contrario. Se sintió desasosegado. En realidad, pensó, lo que yo necesitaría no es repetir mi vida hacia atrás sino retroceder hasta el día de mi nacimiento y reescribir todo de nuevo. Eso quisiéramos todos…Y sonrió con tristeza.
Aunque no le dio importancia, la idea no se le iba de la cabeza. Siguiendo sus rutinas diarias, después de desayunar se dirigió al lavabo. Sobrevoló el vacío, aterrizó sobre su propia imagen, que el espejo le devolvía inmisericorde, y más tarde se fijó en el radiodespertador que acababa de colgar de una percha para saber qué hora era y amenizarse la ducha con algo de música. Los dígitos dibujaban en negro, sobre el fondo lechoso de la pantalla, las siete y cuarto.
Desenroscó con parsimonia el tapón del tubo de dentífrico y volvió a contemplar su rostro medio dormido haciendo aquel gesto mil veces repetido de acercarse a los labios el cepillo de dientes. Pero algo había fallado en aquel intento. De repente, y de manera inesperada, su mano bajó con parsimonia y comenzó a deshilvanar la rutina anterior hasta que se contempló retrocediendo en el acto de esparcir la pasta de dientes, y un instante después, observando con incredulidad que el reloj seguía marcando las siete y cuarto. Como resultaba prácticamente imposible que los dígitos no hubiesen avanzado ni dos minutos, se entretuvo en indagar cada uno de sus movimientos y descubrió con horror cómo sus gestos retrocedían hasta salir al pasillo.
Estaba meridianamente claro: su realidad había empezado a avanzar hacia atrás y se vio dirigiéndose de nuevo a la cocina, donde desayunó con precisión milimétrica lo mismo que había engullido hacía un rato, y más tarde se sumergió entre las sábanas para pasar la noche. Cuando despertó comprobó que no se encontraba ya en el día siguiente, sino en el día anterior, y el convencimiento lo tuvo cuando se vio a si mismo repitiendo punto por punto lo que le había ido aconteciendo.
A partir de ahora, y con los lógicos desajustes entre el sueño y la vigilia, se dio cuenta de que los amaneceres no sucedían a las noches, sino justamente al revés, y entonces decidió que lo que él no quería era rebobinar su vida sino volver al principio para reemprenderla de un modo inédito, con el resabio y la sabiduría que a día de hoy le asistirían por completo…No quería volver a ese colegio donde los profesores sólo le enseñaron una serie de conocimientos insustanciales que no le habían servido para nada, tampoco quería salir con aquella chica que tantos disgustos le había dado, sino con su amiga, mucho menos atractiva pero también menos iracunda y extravagante.
Decidido a romper la rueda que le llevaba hacia atrás, se dio cuenta de que lo más seguro era ponerse de inmediato ante un espejo y la ocasión se le presentó cuando durante un instante de su vida pasada se encontró a sí mismo tomado una cerveza en un bar mientras sopesaba la posibilidad de utilizar el baño. Aquel día, afortunadamente, había decidido que le resultaba inaplazable dar rienda suelta una urgencia del cuerpo, con lo que se vio entrando a toda prisa en un aseo cutre y destartalado.
Como no tenía nada más contundente a mano, estampó el teléfono móvil varias veces contra la superficie que le reflejaba casi por completo. No fue fácil: tuvo que insistir varias veces y sólo al final consiguió desarmar su reflejo a base de golpes.
Supo que había acertado de pleno cuando, a volver a la barra del local, todos le contemplaron como a un loco, desencajado por el sudor y con las manos manchadas de sangre por el estropicio que acababa de perpetrar. Había dado en la diana, se dijo, cuando el dueño del garito aceptó el fajo de billetes que dejó sobre el mostrador, y con el que con toda seguridad podría remodelar el baño entero. Fingió creerse sus disculpas de haber sufrido un ataque de ansiedad como consecuencia de un tratamiento siquiátrico que estaba siguiendo a rajatabla desde hacía unos meses y ni siquiera pensó en llamar a la policía.
Convencido de que ya era hora de reconducir su vida hacia adelante y que el experimento de la NASA le había pillado muy a trasmano, Eulogio pensó que ya era hora de dejar de ir de bar en bar rompiendo espejos y decidió regresar a casa para meterse en la cama.


Antígona
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