20 años, más o menos

Siempre he fardado de buena salud.

Nací y crecí sano y robusto. Y en mi edad adulta, siempre he recibido mi dosis diaria de calcio y el refuerzo de un poco de deporte.

Pero jamás olvidaré aquella tarde. La calma se rompió cuando las fibras amigas del cuádriceps se tensaron a mi alrededor, haciéndome pisar el freno con fuerza. Enseguida supe que algo no iba bien. Un fuerte chirrido sonó producto de un derrape y, a continuación, oí el grito de terror de mi humano. Después todo fue sangre y confusión.

“Varón. 28 años. Fractura de cadera .”

Luces blancas, personajes verdes. Sentí cómo mi humano se dormía. Pensé que era el fin, pero ¡qué va! ¡¡Peor!! Eso fue una carnicería: cuchillas, pinzas y otros utensilios de metal se colaron por ahí. Pero lo peor vino cuando, a la orden de “pasadme el vástago”, colocaron a un señorito de metal dentro de mí usando sierras y martillos.

“Tenía usted la cabeza del fémur destrozada y le hemos tenido que poner una prótesis completa de cadera. Pero no se preocupe, la operación ha ido bien.”

¿Bien? ¡Mis osteocitos! Después de aquel día, ya no soy el mismo. Aquel gentleman se me presentó educadamente. Encantado, mi nombre es Don Titanio, creo que dijo. Yo estaba dolorido y aturdido y, al principio, hasta me cayó bien. Pensaba que estaba ahí para echarme una mano, alivianarme las cargas y esas cosas... pero no. O por no menos no como yo pensaba, porque a mi colega humano se le notaba muy feliz.

“La osteointegración está siendo todo un éxito.”

Yo, por supuesto, ni sabía lo que significaba. Ya habían pasado unos cuantos meses desde el accidente, pero aquel esbelto gentleman todavía seguía ahí y parecía no tener intención de irse. A mí la vida se me hacía cada vez más monótona. Seguía teniendo mi dosis de nutrientes diaria, pero ya todo me parecía insípido. Echaba de menos sentirme a prueba con el deporte semanal que practicaba mi humano. Yo sabía que él seguía yendo a pádel, pero no me llegaban esas vibras que antes me hacían sentirme fuerte y vigoroso. ¿Qué pasaba? Don Titanio era el único que parecía disfrutar con esas sesiones. A él, al contrario, se le veía rígido y radiante. Con los años, entré en depresión. Pero Mamá Organismo no supo ver eso, sino que me tachó de holgazán y mandó a los osteoclastos a que me deshicieran. Es que eres un vago, ya no trabajas, me decía. Don Titanio, mientras tanto, me miraba con superioridad. Y yo cada vez más triste.

Un día empecé a sentirme muy débil y Don titanio pareció desprenderse un poquito. Por un lado me alegré, ¿se largaría ya, por fin, este impresentable?, pero por otro lado, dolía horrores. Y parecía que a mi humano también.

“Verá, lo que le pasa a usted es sufre un aflojamiento aséptico. Es una respuesta a largo plazo del cuerpo hacia las prótesis. Por eso es que las prótesis de cadera como la suya tienen una vida útil de unos 20 años . No, no tiene usted ninguna infección, por eso se llama “aséptico”. Y tampoco hay nada mal con la prótesis. Lo que pasa es que el titanio tiene un módulo de Young mucho mayor que el hueso. ¿Qué significa eso? Que, en cierto modo, el titanio tiene mayor capacidad de absorber las cargas mecánicas y esto hace que no se transmitan suficientes estímulos al hueso. Entonces, el organismo interpreta que este hueso “ya no sirve porque no trabaja” y lo deshace para aprovechar sus minerales en otras partes del organismo. Es una pena que la ciencia no haya conseguido hacerle frente todavía, ¡aunque están mejorando mucho! Están tratando de conseguir aleaciones de titanio con un módulo de Young similar al hueso, para que la transmisión de tensiones sea mejor…”

¡Con que era eso! ¿Lo oyes, Mamá Organismo? No era yo, sino Don Titanio. ¡Él era quien me había quitado las ganas de vivir!

“…En su caso, la única opción es aguantar u operar otra vez. Sin embargo, el nuevo vástago será más largo para llegar a las zonas del hueso que todavía conservan suficiente densidad.”

¿Qué? Me quedé blanco como el marfil. No podía ser...

Sangre, sierras y martillos. Encantado, soy el hermano mayor de Don Titanio, dijo.
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