¿Y si a Einstein le hubiera pillado el confinamiento?

Nuestro querido amigo Alberto se encontraba en una oficina de patentes de Zurich cuando se dió cuenta de que algo no olía bien en la recién publicada teoría electromagnética de James Clerck Maxwell. Acababa de terminar la carrera y se encontraba viviendo con su pareja Mileva Maric. ¿Cómo sería la física si, en ese momento, le hubiera pillado el Covid-19?

Cualquiera pensaría que todo se hubiera retrasado unos años pero posiblemente habría sido justo al revés: el joven Alberto investigaba en su casa con la ayuda de su pareja, por lo que un poco de confinamiento simplemente hubiera acelerado las cosas. Encerrado en su hogar, sin necesidad de ponerse a la velocidad de la luz, Einstein se hubiera dado cuenta de que el tiempo no solo se ralentiza cuando no puedes ver a tus seres queridos.

Básicamente Einstein entendió que la velocidad de la luz no depende del observador: es irrelevante si está quietecito en su casa o si está volando en un avión a la otra punta del mundo. Pero claro, si la velocidad, una magnitud que se calcula dividiendo el espacio recorrido en una unidad de tiempo, no cambia… entonces, dependiendo del caso, no sólo se alteraría el estado anímico de los observadores, si no también el espacio y el tiempo que observan. Evidentemente muchos de los coetáneos de Alberto, cansados del confinamiento, hubieran pensado ¿y eso a mí que más me dá? Sin embargo la relatividad especial, nombre con el que se conoce esta teoría, sí que importa y mucho, pues era la puntilla que le faltaba a electromagnetismo de Maxwell. Ahora sí que era del todo correcto.

Alberto dió un paso en la liga de la física y por fín consiguió un trabajo en la universidad y entrar en los círculos más selectos, cosa que sin duda no hubiera ocurrido en medio de un confinamiento. Eso sí, quizás tampoco hubiera acabado divorciándose de Mileva ni trabajando en un Berlín en el que el antisemitismo se contenía como si estuviera en una olla a presión. Sin embargo, es seguro que Einstein hubiera seguido dándole vueltas al problema de la relatividad, es más, posiblemente su obsesión se hubiera manifestado incluso antes sin tanto entretenimiento.

Y es que hay dos teorías de la relatividad, la especial y la general, siendo la primera un caso particular de la segunda. Resulta que en la propuesta de 1905 el espacio-tiempo no se podía curvar, puesto que no incluía observadores acelerados. Por lo tanto estaba pendiente una tarea relativamente simple, había que generalizar la teoría y estudiar cómo se curvaba el espacio-tiempo al añadir la aceleración, pero Einstein no se caracterizaba por su sencillez y se sacó un conejo de la chistera que lo complicaría todo para siempre.

Alberto se dió cuenta de que la gravedad y la aceleración son fenómenos indistinguibles, ¿cómo saber, dentro de una caja, si estás cayendo y es un ascensor, o si te está transportando un repartidor de Deliveroo? Darse cuenta de eso era lo más difícil, lo siguiente era solo una conclusión: si la aceleración tenía la capacidad de curvar y el espacio-tiempo y la gravedad es equivalente…¡la gravedad también cuerva el espacio-tiempo! Einstein había encontrado otra forma de acortar y dilatar el tiempo, la materia, y en especial los planetas y estrellas tienen esa capacidad. ¡Y si no que se lo digan a los milimétricos GPS!

Hasta ahora el confinamiento no hubiera afectado mucho al transcurso de la historia, todo habría más o menos como ocurrió. Sin embargo la nueva relatividad general requería de unas matemáticas muy modernas que Einstein desconocía. En la realidad Alberto tiró de contactos que le ayudaran, pero ¿podría haber hecho eso mientras estaba encerrado en casa? Y más aún, esta teoría la demostró un inglés -al fotografiar un eclipse- saltándose las restricciones de la 1º Guerra Mundial, pero ¿hubiera podido Eddington llegar a la isla del Príncipe, situada tras el cuerno de África, de encontrarse en medio de la pandemia provocada por el Covid-19?

La conclusión a la que llegamos es que el dichoso virus hubiera evitado la publicación de la relatividad general, a la que un Alberto aislado no habría llegado. De esto se deduce que sin Einstein y sin ayuda aún seguiríamos sin saber que las masas curvan el espacio-tiempo. Aunque tampoco necesitábamos colocarnos en una situación tan estrambótica para saberlo.
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