Buscando respuestas

Como cada día, ella se despierta con el único objetivo de descubrir algo nuevo sobre el mundo. Nunca entendió de dónde venía esa enorme necesidad de aprender. No es que nadie se lo hubiese inculcado, ni tan siquiera que tuviese algún referente a su alrededor. Simplemente ella era así, no se conformaba con su limitada realidad, quería más, quería obtener respuestas. Su actitud le había valido un modesto puesto secundario entre sus semejantes. Tienes que hacer algo útil – le decían. Este mantra había causado un impacto demoledor durante años, incluso le había llevado a plantearse que había algo disfuncional en ella. No pueden estar todos equivocados – había pensado en multitud de ocasiones. Pero lo estaban. Tras una década de intentar encajar y jugar a ser el personaje que se le pedía que fuese, sabía que nunca podría sostener en el tiempo tan cruel sacrificio. Finalmente se había aceptado a sí misma, estaba decidida a cumplir la misión que ella misma se había atribuido.

Podía parecer un día más, pero no lo era. Hoy hacía exactamente un año que había empezado el cambio. Desde aquel día todo había sido diferente. Llevaba una especie de doble vida. Durante el día se comportaba de un modo ejemplar. Realizaba todas aquellas tareas que le eran encomendadas con tal pasión, que incluso su propia familia se congratulaba del salto de madurez que había dado. Lo que ellos no sabían es que el brillo en sus ojos poco tenía que ver con esa aparente aceptación, sino más bien con lo que hacía cuando nadie observaba. Varias horas al día las pasaba sola, concentrada en intentar entender qué había más allá de su hogar. Y cada vez estaba más cerca de descubrirlo.

Su hogar, ese maldito trozo de espacio casi oscuro en el que todos se empeñaban en intentar sobrevivir. Llevaban allí muchas generaciones, o eso decía el sabio. Aunque a ella, más que sabio, le parecía el fiel reflejo de un mundo que hacía tiempo que ya había dejado de existir. Aún recordaba cuando acudía a sus sermones. Aquí tenemos comida y agua, estamos seguros – predicaba. A pesar de la impotencia que oír estas palabras le había generado en el pasado, había aprendido a aceptar que estaban integradas de tal forma en la mentalidad colectiva que ninguno de sus locuaces discursos sobre la curiosidad y el progreso lograrían desterrarlas. Tener las necesidades básicas cubiertas era suficiente para la mayoría, pero no para ella. ¿Y si nos quedamos sin comida? ¿Y si este lugar deja de ser seguro? ¿Y si podemos vivir mejor? – había contemplado. Pero nadie más era capaz de plantearse las mismas preguntas. El contexto de tranquilidad y seguridad en el que se encontraban no era propicio para ello. Mucho había transcurrido desde aquellos tiempos cómodos, ahora la vida era distinta, y la mentalidad había cambiado, pero no para mejor. Allí donde la calma era la excusa para mantenerse inmóviles, ahora lo era la tormenta. Hacía años que las condiciones en el hogar eran hostiles. Apenas había comida, y el agua, que antaño era cristalina, tornaba ocasionalmente a marrón oscuro, casi negro, como si de una señal de lo que estaba por llegar se tratase. Aún así, nadie se planteaba cambios. Todo volverá a la normalidad, solo hay que tener fe – decían. Pero ella sabía que la normalidad no iba a volver, no quedaba mucho tiempo, debía darse prisa.

Lo que había estado haciendo era peligroso, lo sabía. Cada día, durante horas, deambulaba inspeccionando cada rincón del hogar, buscando una salida. Había días en los que avanzaba, sin embargo, la mayoría de intentos terminaban en algún nuevo arañazo, fruto de la falta de luz con la que intentaba realizar su tarea. Manejar toda aquella incertidumbre no era fácil, pero su fuerza de voluntad y su constancia eran imbatibles. Celebraba cada camino erróneo como si de un éxito se tratase, pues sabía que había aprendido y nunca más volvería a tener que recorrerlo. Todos aquellos errores le habían llevado hasta donde estaba ahora. Allí se encontraba, a punto de recorrer los últimos metros que le separaban de la respuesta a la pregunta que llevaba años haciéndose. ¿Qué hay más allá de mi hogar? Permaneció inmóvil unos segundos, se aproximó al orificio y comenzó a observar. Era un espectáculo, el mundo era aún más inmenso de lo que jamás había soñado. ¡Cuánto por descubrir! Se paró un segundo y reflexionó. Había encontrado la respuesta que buscaba, pero esto no había hecho más que generar multitud de nuevas preguntas. Ahora tenía que volver, compartir todo ese conocimiento con los suyos, pero volvería en busca de respuestas.

Mientras se alejaba, una pregunta resonaba en su cabeza por encima de las demás. ¿Quiénes eran esos seres que estaban destrozando su hogar? Esa era la primera respuesta que pensaba encontrar.
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