El Império de Los Agujéros·Négros cóntra el Gobiérno del Réino·Universál.

El Império de Los Agujéros·Négros cóntra el Gobiérno del Réino·Universál.


Nóta:
He puésto la imágen del Agujéro·Négro con álgo de colór, de ótra manéra, no lo veríamos.
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La notícia cogió a tódo el Univérso por sorprésa.

El Império de los Agujéros·Négros, exigía la cancelación de tódos los vuélos de espionáje del «Cométa del tesóro » por sus territórios. Declaráron que el cométa se metía en éllos cuando quería, sin pedír autorización y desaparecía de la mísma manéra, y sin dar explicación. Péro éso sí, recorriéndo tódo el agujéro con un propósito desconocído y desconcertánte.

Pára desespéro de sus habitántes y según asegurában sus científicos, desafiándo tóda lógica física, ya que miéntras permanecía déntro del agujéro, éste cométa se iluminába.

El Gobiérno del Réino·Universál había respondído que a éllos también les pasába lo mísmo. Tampóco sabían la cáusa de que el cométa atravesáse sus sistémas soláres o galáxias y desapareciése de éllos sin motívo aparénte. Asegurában que la condúcta del cométa en el univérso visíble, y désde que visitába a los Agujéros·Negrós, también éra de índole muy desconocída e intrigánte. Y más, cuando duránte tódo el trayécto por el Réino permanecía a oscúras.

El clíma de confrontación subió a nivéles galácticos, al ver que el «Cométa del tesóro» no volvía a salír después de habér entrádo en úno de los agujéros négros, y éso que, en éste cáso el citádo agujéro no éra gránde.

*****El «Cométa del tesóro» es el cuérpo celéste que los pirátas espaciáles usáron como viviénda y depósito de tódos los tesóros robádos a las náves, al ser capturádos, se le declaró «Património del Univérso» y se permitió que recorriése tódo el Cósmos como Embajadór de buéna voluntád.
El Réino·Universál amenazó: o el Cométa vuélve pára examinárlo, y comprobár (según los acuérdos pactádos) que conservá en su interiór los tesóros "Património de tódo el Univérso" y que no contiéne equípos de vigiláncia o espionáje, o habrá guérra. ****

A púnto de declarárse la contiénda, y como último recúrso, se enviáron a dos Áltos Dignatários pára resolvér la situación: Por párte del Réino, un Diós y por el Império de los Agujéros·Négros. Sí, sí, su nómbre comenzába también por "D", de diáblo, ¡Qué casualidád!

Concertáron encontrárse en la puérta de úno de los tántos agujéros négros que exísten, péro muy al céntro, pára evitár cóstes del viáje. Lo que éra iguál a decír en úna de las salídas del Réino·Universál. O séa jústo en la frontéra. Ni el emisário del Réino entraría, ni el ser del Agujéro·Négro saldría. Tal como siémpre había sído éntre las dos poténcias que hacía múcho tiémpo habían decidído no relacionárse.

Duránte más de cién áños los dos emisários se estuviéron buscándo sin encontrárse. Ésto a pesár de las coordenádas exáctas dádas por los técnicos y científicos, péro no había manéra de que se localizáran. Según tódos los ministérios implicádos, los dos estában allí péro no se veían.

Un día el Diós oyó úna voz: Hóla, soy «D» el emisário de los Agujéros·Négros, pásame tu vestiménta y aquí tiénes la mía a ver si así nos podémos ver.

¡Qué maravílla!, el Diós, ahóra con un hábito négro y el Diáblo con úna cápa blánca, al finál, después de cién áños se pudiéron ver.

Tal fué la difusión de éste primér encuéntro, y que hízo reír tánto a tódos los pobladóres del Cósmos, que el 99% de lo que se tenía que tratár, ya se había lográdo. El habér conseguído un abrázo y úna sonrísa éntre Diós y el Diáblo, los representántes de filosofías y vídas tan distíntas, inició úna etápa de confiánza éntre éstos dos sistémas de pensár tan opuéstos.

El Diáblo del agujéro négro, vestído de blánco éra muy agradáble y simpático, y la de buénos chístes que contába. Náda que ver con la seriedád del Diós blánco… muy atractívo por ciérto, péro siémpre muy séco.

¿Qué pása? ¿Serán los pobladóres de los Agujéros·Négros, la alegría del univérso y nosótros no nos habíamos enterádo? ¿Nos hémos estádo perdiéndo álgo al aplicár con éllos la ley del embúdo (absorbér) y éllos la de la trompéta (expulsár)? ¿Necesitámos visitárlos y vérlos pára reírnos con éllos? ¿Están sus bibliotécas replétas de líbros divertidisímos?
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El probléma acabó maravillósamente, si bién el Diós blánco, estúvo intrigádo por la respuésta que le dió su ahóra amígo «D», al preguntárle cómo se podía vivír en embúdos que tódo lo succionában. «D» le díjo que sí, que los agujéros engullían tódo lo que se acercába a éllos. Lo agitában, lo revolvían, y lo íban escupiéndo con gran fuérza y presión por el agujéro de salída. Vámos como vuéstros inodóros.

Si no, ¿De qué crées que están héchas vuéstras galáxias, sistémas soláres y planétas? Pués de lo que sále por nuéstra párte traséra.
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F I N

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