Aliento para encaramarse a hombros de gigantes

Marina tenía arrugas, bolsas bajo los párpados y algo de sobrepeso. Acumulaba a sus espaldas cuarenta años de enseñanza e investigación que habían agotado sus ilusiones. Tenía que decidir cuál de los tres alumnos, a los que dirigía el TFM en Astrofísica, iba a recibir una beca: la llave para dedicarse a lo que le gusta, pagar un alquiler compartido y sobrevivir con estrecheces.
Podía verlos a través del cristal de su despacho de la facultad de Físicas, encerrados en la pequeña sala contigua desde las nueve de la mañana hasta las diez de la noche. Apenas cabían las tres mesas y tres minúsculos archivadores que los jóvenes no utilizaban, pues para eso están los discos duros externos. Cada aspirante aportaba su propio portátil. En verano hacía calor y en invierno frío, porque la universidad estaba reduciendo gastos.
Descargaban los datos enviados por la sonda Solar Orbiter. Luego aplicaban programas estadísticos, una y otra vez, luchando por interpretar las mediciones que recibían. Horas y horas, números y números. A veces leían papers; escritos por investigadores americanos, alemanes o franceses; intentando alcanzar, inútilmente, a centros con más experiencia y con más medios.
Juan era de los primeros de su promoción, se lo había ganado. Había dedicado los últimos cuatro años a estudiar, todo el tiempo, sin descanso. Jamás cometía un error: aplicaba cada ecuación de forma meticulosa, detallada, limpia. Junto a los conocimientos de física también había adquirido miopía, una cierta obesidad, mal gusto en su vestimenta y fama de antisocial. No era muy alto y hablaba con pedantería, como si tratase de poner en valor su esfuerzo.
Felipe era brillante, se había mantenido delgado pese a no practicar deporte y conservaba todo su pelo. Hablaba tres idiomas y era el primero en entender los conceptos y en asimilar los papers. Amable y condescendiente, siempre te tratará como un igual si tú le tratas como un superior.
Vanessa no le caía bien, no encajaba con los otros dos. Era lista, como la mayoría de los alumnos de su promoción, y sus horas de estudio estaban por encima de la media, pero dedicaba mucho tiempo a otras actividades: participaba en huelgas, organizaba sangriadas y era miembro del Consejo de Gobierno de la universidad. De estatura media, pelirroja, llevaba un par de tatuajes en los brazos y un piercing en la nariz. Le gustaban sus estudios pero también la gente y, de vez en cuando, se dejaba llevar por la fantasía.
—¡Tíos, os imagináis! —oyó decir a la chica—. ¿Y si la materia oscura fuese otro estado de la materia, pero con mayor nivel de energía?
—¿Por qué no la emite y pasa a ser materia bariónica? —preguntó Felipe.
Marina comprendió que sólo trataba de ser cortés, en cambio la mirada de Juan era hostil. Su compañera siguió sin amilanarse.
—Por el principio de exclusión de Pauli. No quedan estados libres. Eso produce una «presión» sobre el espacio-tiempo y hace que el universo se expanda.
Sólo la escuchaba su tutora.
—Este continuo brotar del espacio hace que las constelaciones más alejadas se separen más rápido. En algún momento, una parte se distanciaría del resto a velocidad superior a la de la luz, quedando incomunicada. En ambas habría estados cuánticos libres. La materia oscura se transformaría en materia bariónica, liberando energía que aceleraría la expansión en un proceso inflacionario. Se ocuparían todos los estados libres produciendo dos universos idénticos.
—¡Ponte a trabajar! —la reprendió Juan, con malos modos—. Nos estás distrayendo con esa cháchara.
Vanessa se dejó llevar por la ensoñación.
—Estarían aislados, como burbujas. Continuarían expandiéndose y produciendo otros universos incomunicados, inaccesibles entre sí, pero idénticos.
—Concéntrate en nuestro sistema solar —intervino Felipe, con una sonrisa—. La idea es interesante, pero la beca nos la darán por lo que ocurre en el Sol.
Marina la vio sonreir, él chico le resultaba simpático, era demasiado estirado y un poco prepotente, pero cordial. La chica continuó:
—Trillones de cosmos donde pasa exactamente lo mismo, mientras les dure la materia oscura. Luego decaen hasta volverse inertes. ¡Imaginaos una multitud de universos donde una multitud de Vanessas han dicho, dicen o dirán exactamente estas mismas palabras!
—¡Déjate de tonterías y ponte a currar! ¡No vamos a hacer tu trabajo! —Juan interrumpió tajante. Luego miró a Felipe y se guiñaron un ojo, seguros de que la beca estaba entre ellos dos.
Marina estaba impresionada. Se quitó las gafas y se restregó los ojos para ahuyentar al fantasma del entusiasmo, pero él la venció. Descolgó el teléfono.
—Ramón, ayúdame. Necesito tres becas… Ya sé que no hay presupuesto. Me quedan pocos años y quiero jugármela. La inteligencia y el trabajo son importantes, pero los grandes avances los produce la imaginación… Sí, esas tonterías razonables…
  • Visto: 118

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN