A la sombra de los gigantes

Atardece tras un largo día de finales de la estación seca en los amplios valles bañados por nacientes cursos de ríos que, dentro de 66 millones de años, serán los páramos de la formación geológica Hell Creek en Montana. Manadas de enormes Edmontosaurus, dinosaurios "pico de pato", se trasladan en una migración anual que tiene como destino la conocida como "colina de los huevos", un lugar apartado en que estos gigantes pueden depositar sus huevos y cuidar por un tiempo a sus crías. Al mismo tiempo, grupos de Triceratops y algunos de los acorazados y solitarios Ankylosaurus se acercan a los remansos de los ríos a beber agua fresca tras un día de comilona de helechos y cicadáceas. Otros dinosaurios aprovechan para comer a estas horas, si bien algo totalmente distinto a plantas. una hembra de Dakoraptor, el "guepardo del valle" ha capturado hace poco a un viejo Struthiomimus y alimenta a su única cría con los mejores pedazos de carne.

Esta escena está siendo observada desde la copa de un gingko por una joven hembra de Purgatorius, un pequeño mamífero parecido a un roedor, que aprovecha la llegada de la noche para buscar insectos y bayas con las que alimentar a una prole recién nacida de cinco crías. Sus cachorros todavía no tienen las extremidades fortalecidas y sus ojos siguen cerrados, aunque el sentido del olfato ya lo tienen bastante desarrollado; sin embargo, en un ambiente tan peligroso, su supervivencia dependerá absolutamente de la destreza de su madre para conseguir alimento.

Después de asegurarse de que sus crías están perfectamente de salud y el nido está completamente limpio, la hembra Purgatorius se prepara para una noche de caza y recolección. Lo bueno de esta época del año es que las angiospermas comienzan a desarrollar pequeños frutos rápidamente y algunos coleópteros son más activos de noche que de día por lo que la Purgatorius puede fácilmente introducir cuanta comida pueda dentro de su boca y almacenarla en abazones hasta que llegue al nido. Pero toda precaución es poca, y el oído de la pequeña Purgatorius está preparado para escuchar el más mínimo ruido extraño y tras atrapar una larva de luciérnaga, se percata del leve crujir de ramas secas en el suelo, lo que hace tirar a su presa y comienza a correr... efectivamente no estaba equivocada, un dinosaurio terópodo de una única garra en sus extremidades anteriores ha salido de la maleza para atrapar a la hembra.

Ahora comienza una carrera por salvar la vida. La Purgatorius trata de buscar el árbol más alto para refugiarse, pero no se encuentra en el mejor lugar para esconderse, apenas hay helechos y el terópodo puede encontrarla con su olfato. Entonces, se topa con una gran roca sobre la que tal vez gane algo tiempo de escapatoria. Se sube a ella, pero el terópodo le sigue muy de cerca y con sus patas traseras, la lanza por los aires de una patada desde lo alto de la roca. Sin embargo, una vez que todo parecía perdido, la roca comienza a moverse, haciendo que el terópodo caiga, en realidad se trataba del lomo de un joven Tyrannosaurus solitario que, ante el escándalo montado, se despierta y comienza a perseguir al terópodo perseguidor. De nuevo, el cazador se convierte en la presa.

La hembra Purgatorius logra escapar, no sin antes oír el temible rugido del gran depredador y un grito agudo del terópodo que le trataba de cazar. Tras una noche tan ajetreada, vuelve a su nido con lo recolectado para dar de comer a sus crías y echa un vistazo por el hueco del nido para ver el amanecer de un nuevo día, que aprovechara para descansar, mientras los reptiles gigantes comienzan a despertar.
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