Realidad o sueño

Marlena no era distinta a las otras niñas de siete años. Era algo tímida, por lo que la mayor parte del tiempo gustaba de pasar desapercibida. Tenía una figura fina, y solía moverse con gestos delicados, silenciosos, casi felinos. En el colegio, a menudo su profesora la encontraba ensimismada, dibujando una pequeña flor en la esquina del cuaderno, o mirando por la ventana. Cuando le llamaba la atención, Marlena se sorprendía, y volvía en sí, con cierto rubor en las mejillas y una ligera sonrisa en los labios. Solía soñar despierta. A pesar de ello, siempre fue buena estudiante. En casa, se entretenía sola, inventando aventuras para sus muñecos, o pintando paisajes con su caja de acuarelas. A veces, observaba a su padre desde un rincón del despacho, mientras éste trabajaba. Entraba a hurtadillas y se quedaba acurrucada, sin ser vista, durante un buen rato. Le gustaba verle escribir, y su letra, tan pequeña y compacta.
Una madrugada de tantas, la niña despertó a su madre. Había prometido sin éxito abandonar esta mala costumbre, pues ya empezaba a ser mayor para andar incordiando en mitad de la noche. Desde muy pequeña, cada vez que Marlena tenía una pesadilla, se levantaba y se dirigía a la habitación de sus padres. Se colocaba junto al lado de la cama donde dormía su madre y permanecía allí, sin tocarla, sólo mirándola. Pero lo hacía tan fijamente que su madre, quizás al sentirse observada, acababa por despertar, siempre con gran sobresalto. Esa noche no fue una excepción. Tras incorporarse, su madre sentó a la pequeña a su lado, y preguntó suavemente —¿Qué pasa Marlena? hija, es muy tarde. Siempre igual, me das cada susto… a ver, ¿qué ha sido esta vez? —. Al principio, la niña no podía articular palabra. Incluso temblaba. Gracias a las caricias de su madre, poco a poco se tranquilizó y empezó a susurrar —Mamá he soñado… he soñado que las personas estaban muy enfermas y que no podían salir de sus casas, que nosotros no podíamos salir, porque las personas se ponían muy enfermas si salían a la calle —. Su madre, acostumbrada a lidiar con las pesadillas de la pequeña, explicó pausadamente —Pero hija… eso no es verdad, las personas pueden salir de sus casas, nosotros podemos salir cuando queramos, nadie está enfermo, tranquila —. Ella, aún convencida de la veracidad de su sueño, repuso —Pero mamá, lo he visto, lo he visto de verdad. La gente estaba muy triste… y además había una voz en el sueño, que me decía que yo les tenía que curar ¡que tenía que curarles a todos! —en ese último punto subió la voz, y su madre le hizo un gesto de guardar silencio, pues su padre seguía durmiendo. De la mano, la acompañó hasta su cama y la arropó con cariño. Después de un par de nanas, Marlena dormía plácidamente. No volvió a pensar en ese sueño hasta muchos años después.
En el instituto, Marlena se enamoró. Se enamoró profundamente, sí, de la Biología. En el colegio ya mostró interés por las materias relacionadas con el estudio de la naturaleza, las plantas, los animales, el cuerpo humano… Eso le gustaba y lograba captar su atención. Pero fue durante los años de instituto, inspirada por su profesor, cuando la joven descubrió su vocación. Llegó a comprender la complejidad de una sola célula y sus orgánulos, la gran cantidad de información que puede almacenar una pequeña molécula de ADN, y la función específica que cumple cada proteína en un organismo. Admiraba el perfecto funcionamiento de toda esa “maquinaria”, incluso era capaz de intuir cierta belleza. Aquello le fascinaba de tal modo, que Marlena creía que la biología le ayudaría a entender cómo funcionaban los seres vivos, desde el más simple al más complejo, y con ello, el mundo. Y con esa convicción, decidió centrar todos sus esfuerzos en estudiar Biología, o, como a ella le gustaba pensarlo, en el estudio de la vida.
Año 2020. Marlena se despierta, sobresaltada. Respiración agitada, sudor en la nuca. De nuevo aquel sueño, después de tantos años. Pero ahora la pesadilla se había hecho realidad, de un modo cruel y devastador. Ya eran miles los muertos en el país a causa del virus, cientos de miles los infectados. A nivel mundial, se perdía la cuenta. El estado de alarma declarado en varios países imponía el confinamiento a todos los ciudadanos. Mira el despertador, las 6:15. Apenas ha dormido, pero no importa. La esperan en el laboratorio, su equipo estará listo para seguir trabajando, exhaustos, pero siempre dispuestos a continuar. Cada vez están más cerca de la vacuna, lo intuye, casi tiene la certeza, están a punto de conseguirlo. Hoy puede ser el día, el principio del fin.
  • Visto: 42

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN