Seis experimentos

Se preparó para una mañana intensa de trabajo, poniéndose en primer lugar la vestimenta adecuada. Mientras, repasó mentalmente cómo se iba a organizar: siempre era complicado hacer varios experimentos a la vez, y ese día le tocaban nada menos que seis, pero si ajustaba bien los tiempos y las herramientas necesarias, sabía que podría hacerlo.

Revisó su cuaderno y decidió comenzar con el experimento II, que había dejado preparado en un recipiente el día antes. Comprobó que la desnaturalización de las proteínas se había llevado a cabo correctamente, es decir, que el color blanquecino esperado había aparecido, tras lo cual pudo emprender los pasos finales para completar el proceso. A continuación, decidió arrancar el experimento V, para el que ya había dejado el material listo la tarde anterior (sabía que lo mejor era avanzar antes todo lo posible), por lo que solo tuvo que incorporar el espesante a la mezcla preparada y ponerla a calentar.

Mientras el experimento V avanzaba, decidió que era el momento de comenzar con el VI ya que, si no, se le echaría el tiempo encima. Y es que en este caso tenía que llevar a cabo una extracción acuoso-orgánica facilitada por temperatura, que se prolongaría durante varias horas.

Preparó entonces nuevo material para proceder con el experimento III. Tenía su complejidad y, aunque contaba con una amplia experiencia después de tantos años llevándolo a cabo, siempre temía el momento de presentarle el resultado a Aurora. Y es que, no sabía por qué, a veces fallaba y las moléculas anfipáticas no acababan de dispersarse correctamente… menos mal que contaba con la ayuda de la solución de ácido acético diluido, que permitía que esas moléculas se repelieran más entre sí y también aumentaba el volumen acuoso, un factor clave en este proceso... Bueno, parece que esta vez había conseguido completarlo de una forma satisfactoria.

Le echó un vistazo a los experimentos en marcha: dio por concluido el V, tras comprobar con un termómetro que la ebullición se había producido a más de 100ºC, y verificó que el VI se encontraba en el momento que esperaba, con la gelatinización del almidón empezando a producirse. Decidió entonces que era el momento de empezar el experimento IV; nada del otro mundo, dado que la variable principal a controlar era que la desnaturalización se produjera correctamente, una técnica que dominaba, como había podido confirmar con los resultados del experimento II.

Comenzó entonces el último de los experimentos del día, aunque en realidad era de un nivel de principiante, prácticamente de estudiante de primer año. Se trataba del experimento I, ya iniciado el día antes; tras retirar de la cámara de frío el envase que había dejado allí, se aseguró de que la licuefacción se hubiera producido adecuadamente y, dado que anteriormente ya había retirado la fase lipídica, lo único que quedaba era el tratamiento térmico. Mientras este se llevaba a cabo, dio por concluido el experimento VI, aunque el resultado final le pareció diferente al esperado, y esto le llevó a tomar algunas notas en su cuaderno para futuras ocasiones.

Finalmente, y tras comprobar que en el experimento IV, a continuación de la desnaturalización se había producido de manera satisfactoria la reacción de Maillard, lo dio por finalizado junto con el experimento I.

Ahora, se trataba ya de poner en conjunto los resultados de los experimentos y esperar que todo encajara bien, aunque, a decir verdad, estaba convencido de que sería así…

En eso estaba pensando cuando sonó el timbre. ¡Ya estaban aquí! Llegaba la hora de la verdad. Fue a abrir la puerta y entraron todos con los brazos llenos de regalos, mientras le reprochaban que todavía no se hubiera quitado el delantal. Mientras, le preguntaban por el menú, que recitó de memoria: consomé (experimento I), acompañado, para picotear, de cebiche (experimento II) y langostinos con mayonesa (experimento III). Como plato principal, carne con mermelada de frutos rojos (experimentos IV y V) y, de postre, arroz con leche (experimento VI). Esperaba que esta vez su hermana Aurora no pusiera pegas a la mayonesa, porque siempre era la comensal más exigente…
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