Ecos evolutivos

La mañana del 16 de marzo del año pasado, mientras hurgaba entre sus pertenencias un lápiz de dibujo, Ricardo ansiaba replicar un bello trabajo artístico de una galaxia lejana que vio en un diario. No hacía pinturas porque confundía los colores: le sabía amargo el color amarillo. Sinestesia, le llaman a su estado; confundirse los sentidos al percibir algo.

Después de un par de horas, terminó el trabajo.
Bien, ¿qué haré ahora? -se preguntó indeciso- ¿qué tal si leo el artículo de donde tomé inspiración? Hace tanto que no leo si no es algo del trabajo.

Así se enteró de los estallidos rápidos de radio. Señales de corta duración que no tienen explicación. Buscó información en otras fuentes. Halló divulgación; saltó a los artículos de investigación y luego meditó: “¿por qué una señal se repetiría sin cesar; después nada y luego reiniciar?”

 Durmió pesado en ello.
El descubrimiento de un sólo microorganismo extraterrestre haría universal la biología, dijo Carl Sagan, pero, -concluyó antes de caer dormido-, ¿no lo haría también una señal, una sonda, como la que envió al espacio la humanidad? Porque cuando esa sonda llegue a hacer contacto, será obvio que no fue un accidente su fabr… -y se quedó dormido-.

-¡Qué buen dibujo! -dijo un compañero del trabajo.
-Gracias Samuel. Lo hice hace un par de días.
-Te ves preocupado.
-No es nada; acompáñame a la cafetería, si no tienes algo que hacer, claro.
-No, justo ahora no.

Camino a la cafetería, varios compañeros seguían trabajando
-Nunca falta quien revise su red social, o la página de videos. ¿Esto es trabajar?
-Ja ja. Al menos el sentido del humor lo tienes sano, Ricardo.
-Calla. Sólo a ti te permito hablarme así; no quiero que nadie oiga que me dices así… porque…
-¿Por qué te quedas callado?
-Tengo una idea. Es todo.
-¿Cómo vas a pedir tu café? Yo lo quiero con leche.

La charla matutina continuó, pero Roberto no dejaba de pensar en oír una explosión de radio. “Que nadie oiga que me dices así” fue la frase que lo llevó a pensar: ¿por qué no he escuchado esto en mi escritorio, podría ser interesante aunque un mal uso de la computadora del trabajo.

Más tarde ese día, cuando nadie lo veía, escuchó. 

-¿Dónde está Ricardo? -preguntó Susana, le jefa de departamento.
-Salió exaltado. No pude entenderle.
-Que se comunique conmigo. Necesito saber cuándo tendrá lista su propuesta.
-Me comunicaré con él.
-Gracias.

Con lápiz y papel en mano, trabajo Ricardo otra vez, pero no un dibujo; un acertijo. Llegó a casa como salió del trabajo, exaltado, y si bien sus compañeros no lo entendieron, él salió justo por eso. “¿Qué es esto? ¿Por qué me es familiar?”

Al día siguiente no fue al trabajo. Se presentó al tercero.
Lleno de ojeras presentó su propuesta a Susana, y esperó.
Actualizaba seguido su e-mail. Llegó su respuesta:

Estimado Ricardo, hemos recibido su e-mail.
¿Cómo ha sabido cuándo habría otra serie de FRB [por sus siglas en inglés, los especialistas no olvidan su lenguaje técnico]?
 ¿Quién es usted?
Por favor, contáctenos.

No tengo los medios para bajar un estallido corto de radio a la Tierra, pero puedo interpretarlos -se dijo.

Tomó prestada una diadema de un compañero e hizo una video-llamada.

-Hola, gracias por atender. Soy Ricardo González y tengo una clave que puede servirles para descifrar los estallidos. Soy sinestésico, y hasta esta semana pensé que era una maldición. Ahora sé que no. La vida existe, o existió, más allá de nuestra galaxia. Una especie que usó las ondas electromagnéticas para comunicarse, y yo entiendo ese lenguaje.
-¿Como puede ser posible?
-Selección natural. Aquí usamos ondas sonoras, pero no es lo única forma de hablar.
-No, me refiero a ¿cómo lo descifró, suponiendo que para usted estos FRB dicen algo? ¿Qué es ese algo?
-Un sabor, un silabario, no sé cómo explicarlo. Es otro sentido. ¿Podría entender el color si nunca ha podido verlo?
-¡Es inaudito, no sé qué decir!.
-Simplemente seguí ley Zipf, que dice que las palabras más cortas son las más comunes, y a manera del relato de Poe, he jugado las combinaciones, sin olvidar su sabor… ¡Si pudiera sentirlo!

La propuesta de Ricardo fue bien recibida, pero fue la última. Ahora trabaja para la ciencia, contando relatos de una civilización que seguramente ha perecido.

“Enviamos este mensaje a través del espacio para que quede constancia de nuestros logros. La vida en el cosmos no es extraña, pero sí la pensante. En nuestro entorno hay más de seis mundos vivientes. Rastreen la señal y podrán ubicarnos. Crecer juntos, morir juntos, viajar en el espacio como una señal, breve y potente, como la vida. Eso resume nuestro ser”
-¡Qué maravilla, todo eso en un breve estallido! ¿Qué dice el siguiente?
-Pues bien…

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