Tríosis y Éndome

En la vida como en la muerte siempre hay historias que por los motivos que sean, conllevan fuerzas invisibles y legados de genomas que siempre estarán avocadas a caminar juntos.
Una relación destinada a coexistir juntas pagando el precio que con ello acarrea su sufrimiento. Tríosis y Éndome se conocieron de una forma imprevisible una noche cualquiera de un día baladí. Ella siempre deambulaba de vez en cuando para dar una vuelta por un antro cerca de su casa y que había descubierto hacía poco. Allí ahogaba sus penas presentes y pasadas, su infancia quebrada y sus fracasos amorosos. Éndome hacia poco que trabajaba allí sin cesar día tras día en ese antro de mucha agitación hormonal. Su vida estresada llevaba años gestándose y él no se daba cuenta del bucle donde estaba metido. Tríosis en cambio buscaba paz, tranquilidad, mucho amor que dar y ofrecer. Solo necesitaba el momento y el instante preciso. Por el contrario, Éndome necesitaba sentirse cobijado y arropado pero sobre todo sentirse amado para el resto de su vida.
Una mañana Tríosis, de forma súbita y repentina se levantó de la cama como si una descarga eléctrica de mil amperios hubiese descargado en sus ovarios. Asustada se levantó e intento relajarse haciendo ejercicios de respiración. Cuando lo consiguió, se puso música relajante, una varilla de incienso y se dio un baño caliente. Adorno toda la bañera con velas y echó en el agua aceite esencial de gardenias. Comenzó a sonar una música sensual y envolvente, la espuma acariciaba toda su piel y la impregnaba de un olor floral irresistible, no pudo soportar no darse mimos a su esencia de mujer.
Llegada la noche y con el ego subido, decidió salir sola a tomarse una copa y de paso sociabilizar. Como había hecho otras veces se acercó al antro que hacía poco que había hallado, cuando entró algo distinto observó. Estaba en el mismo escenario pero había un figurante distinto, por primera vez vio a Éndome, clavó sus ojos en los ojos de él y como si un flechado de cupido hubiese atravesado su corazón, sus miradas fueron recíprocas y bidireccionales, era imposible un margen de error de aquel enamoramiento feroz que marcaría el resto de sus vidas.
Poco a poco empezaron a tener sigilosos encuentros que finalmente normalizaron como encuentros diarios. Tríosis había encontrado al amor inseparable de su vida, era una unión irrefutable. Sentía que sin él su vida no tenía sentido. Éndome encontró su alma gemela, su oxígeno vital. Esa simbiosis continuó durante años, exactamente seis años, llena de subidas y bajadas como en cualquier convivencia. Pero había una cosa que Triósis jamás pudo hablar con nadie de su entorno. Aquello que ella pensaba que era normal, no lo era. Ella normalizó un dolor emocionalmente irreversible, irremediable e inseparable. Intento asimilar aquella situación y convivir con ella. Su día a día era angustioso, doloroso y punzante pero por más que intentaba comprenderlo le era imposible. Como una autodidacta intentó ponerle nombre a lo que le ocurría, busco testimonios y apoyo en casos similares al de ella. Nada le sirvió, no encontraba ninguna huella que le hiciese ver un ápice de luz en su vida de sombras.
Una noche Éndome le pregunto ¿Qué te ocurre? Llevo tiempo observándote y siento que nuestro vínculo no es el mismo, no nos compenetramos igual que al principio de nuestro amor. Ella con una voz desgarradora le dijo: desde hace mucho tiempo me he dado cuenta que nuestro amor es doloroso pero no encuentro ni una sola razón por la que separarme de ti. No encuentro una sola respuesta para que este amor se pueda bifurcar. Él le dijo ¿pero qué te hecho? No has hecho nada, solo que esta relación se fraguó desde la ignorancia del dolor y que hoy en día es inseparable de forma inexorable. Éndome le producía un dolor silencioso sin que él lo supiese, le producía día tras día una vida ruin, extremadamente pobre.
Sin aliento, él no supo que contestarle a semejante declaración tan dura y cruel, con lo que Éndome le contesto: pasaremos esto juntos, te acompañaré el resto de tu vida e intentaré comprenderte en todo momento, siendo benevolente y te ayudaré a entender lo que te pasa en cada momento.
Tríosis, con los ojos llenos de lágrimas afligidas contestó: Éndome, harás todo lo que esté en tus manos pero de forma involuntaria me producirás dolor de forma constante. La única esperanza para que nuestra relación conviva en paz es entenderte, por eso siempre haré por conocerte cada día más y más. Ojalá que algún día expertos de la ciencia encuentren una solución para este amor tan doloroso y que de alguna manera hallen el remedio para esta unión tan desoladora e inherente. Te amo, eternamente Endometriosis.



Nat
  • Visto: 61

ESCOLA D'ESCRIPTURA

EUSKAL ETXEA

AEELG

EDITORIAL GALAXIA

METODE

INVESTIGACIÓN Y CIENCIA

EL HUYAR

AELC

BIBLIOTEQUES DE BARCELONA

ESCUELA DE ESCRITORES

ESCUELA DE ESCRITORES

IDATZEN