Trabajo de campo observacional para el estudio del equilibrio de fuerzas repulsivas deducidas a partir de la ley de llenado de vagones

Nuevos Ministerios, 21.17. A estas horas de la noche hay poca gente en el tren por lo que puedo sentarme en una sección que está vacía. El resto de los pasajeros se distribuyen por el vagón como si fuesen monopolos magnéticos en un ambiente sin cargas. Es decir, se separan al máximo unos de otros debido a las fuerzas de repulsión entre ellos, buscando el punto en el que las fuerzas se anulan unas con otras dando lugar a lo que se conoce como equilibrio. No quiere decir que las fuerzas hayan desaparecido, pero la suma total es cero. El equilibrio no tiene por qué darse en un punto equidistante entre las fuerzas repulsivas. Depende de la intensidad de repulsión que ejerce el sujeto.
Tomemos al sujeto A. Él se encuentra al fondo del vagón, zapatillas deportivas desgastadas y sin marca, vaqueros ajados que cuelgan por debajo de la cintura dejando ver unos calzoncillos granates. Chaqueta estilo “bomber” que oculta un posible eslogan reivindicativo, escrito en la sudadera verde oscura de la que solo asoma la capucha. Lleva braga al cuello y un gorro de lana que le cubre la cabeza. Mientras escucha música con los auriculares, ajeno al resto del vagón va liando un papel con tabaco que saca de un bolso. Éste sujeto se encuentra al menos a 5 metros del individuo más cercano, aun teniendo secciones del vagón cercanas sin ningún ocupante. El equilibrio de fuerzas se desplaza, desde el punto medio entre el sujeto y yo, hacia mi posición, aumentando la densidad de viajeros en las inmediaciones de mi localización con respecto a lo “esperable”.
El individuo B se encuentra sentado detrás de mí (en sentido de la marcha). Joven, traje gris perla, camisa beige y corbata a juego con el traje. Zapatos negros elegantes con un pequeño tacón y ligeramente apuntados. Está cuidadosamente peinado hacia un lado, con algún producto fijador que aparenta naturalidad, pero que evita que ningún cabello se mueva de su posición cuidadosamente estudiada. Sus ojos se entrecierran mirando el móvil, mientras sujeta su cabeza con los nudillos de su brazo izquierdo que tiene apoyado en el marco de la ventana. Su sección está justo pegada a la mía y nos separan solo 2 metros, lo suficiente para detectar un aroma fresco a perfume. Podría separarse más de mí, no obstante, la intensidad de la fuerza magnética se reduce con la distancia, alcanzando el punto en el que la fuerza es incapaz de desplazar al individuo. Por esto, el individuo B se encuentra a 2 metros de mí, teniendo varias secciones del vagón libres más alejadas. Los usuarios de tren poseen una cualidad, denominada constante empática, que determina la fuerza repulsiva mínima que aleja a esa persona.
Efectivamente, en este microsistema de tres individuos, A, B y yo; la teoría de campos magnéticos funciona relativamente bien, pero la cosa se complica al incluir más individuos. En este caso podemos recurrir a las conocidas leyes de llenado de vagones, la cual para un ambiente sin cargas y teniendo todos los monopolos la misma intensidad de carga, dice así:
1. Todos los viajeros se distribuirán por las distintas secciones del tren, de manera aleatoria, tomando como referencia su punto de acceso al vagón y ocupando el máximo número de secciones.
2. No puede haber dos individuos en una misma sección estando una sección libre.
3. Las personas que viajan juntas cuentan como un solo individuo.
4. Estando todas las secciones ocupadas se podrán ocupar asientos en secciones que ya contengan a un individuo, siempre y cuando se garantice la mínima interacción entre ambos. Para el caso de las secciones de cuatro asientos, se traduce un patrón de sentado en diagonal; para las secciones de tres asientos quedarán ocupados los asientos de los extremos dejando libre el central.
La siguiente parada, Sol, pone a prueba las leyes antes mencionadas. Los asientos se llenan siguiendo el patrón antes descrito y llega el momento en el que evitar interacciones cercanas es inviable. El individuo C nos permite explicar este fenómeno. Habiéndose llenado todos los asientos que garantizan la mínima interacción, esta chica opta por una sección de tres tomando el asiento libre, es decir el central. Los hombres a sus lados reaccionan lo mínimo para dejar sitio para una persona entre ambos, de lo que se deduce que posee una baja capacidad repulsiva. Por el contrario, la chica trata de reducir el espacio que ocupa cruzando las piernas y subiendo la mochila que lleva sobre ellas visiblemente incómoda. Los sujetos evitan ceder terreno a este nuevo elemento.
Atocha es viene después, aquí la cosa se complica. El sistema colapsa debido a la inmensa afluencia de viajeros. Es casi imposible determinar un patrón de distribución, pero bueno, es mi parada y yo me bajo ya.
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