MAY

May siempre fue una chica tímida y distraída, un tanto inusual, no tenía amigo alguno pero al parecer a ella le bastaba consigo misma.
Siempre estaba en las nubes, no atendía ni necesitaba que le atendiesen. Sin embargo, le fascinaba la ciencia más que a nadie en el mundo.
Estábamos en clase de biología, con nuestra amarga profesora la señorita Carmen, en primer curso, teníamos doce años. Ella, como siempre, estaba en su mundo. Entonces le regaño pues no estaba atendiendo a la lectura.
Estaba apoyada sobre el muro del patio del instituto, totalmente envuelta en su abrigo, pensativa. Yo estaba con mis amigos jugando en corro. Me levanté a hablarla. Habíamos sido amigas, antes de que desarrollara aquel comportamiento misterioso tan característico suyo.
–¿Pasa algo May?-, -nada- me respondió. Antes de que me fuera, me dijo unas palabras de las que fui testigo, unas palabras que cambiarían el curso de la historia: -He estado pensando una cosa ¿Sabes?, si inyectáramos cloroplastos a nuestras células, el ser humano podría hacer la fotosíntesis-. Yo simplemente dije sí, y me fui de aquel lugar.
Tras esto no recuerdo mucho más, continuaron pasando los años, acabamos el instituto y perdimos totalmente el contacto, hasta que, cuando yo ya era adulta, tendría casi treinta años, la volví a recordar.
Salieron noticias: una científica novata, May Scott, ha dedicado varios años de investigación, y por fin lo ha conseguido… “Ha salido a la luz un invento revolucionario que sin duda cambiará al ser humano, y nuestra forma de ver las cosas, pero podría ser un fraude, una noticia innovadora pero pasajera: la inyección de cloroplastos a nuestras células y la capacidad con ello de hacer la fotosíntesis” entonces fue cuando me acordé de sus palabras, años atrás.
Y día tras día, se iba avanzando más y más, el invento se iba llevando a cabo, y todos los medios de comunicación estaban centrados en ella, en sus logros, el telediario solamente hablaba de eso, como si no pasara nada más en el mundo…
Llegó un momento en que se empezaban a fabricar más y más inyecciones, se probaron con células, nada, con animales, tampoco, y por último, con humanos, y tampoco pasaba nada, Toda la humanidad había entrado ya en aquel limbo de pensamientos erróneos y locura, del que nadie podía salir, y el que nadie podía frenar, un pensamiento erróneo que no había sido impuesto por nadie, sino solamente por los hechos de aquel mundo caótico, del que ni una sola persona se daba cuenta que se venía abajo, excepto yo.
Nadie quiso escucharme, pues intenté hacer entrar a May en razón, había llegado todo a un punto tan alto que ya no podía ir marcha atrás.
Me fui a vivir al campo, aislada completamente en una casa, en la que todos los días me levantaba por la mañana, y trataba de revertir el tiempo, fabricar algo con lo que pudiera llegar al patio aquel día, y decirle a May que aquello era una idea imposible y absurda, que la apartara de su mente, aunque la estuviera mintiendo.
Habían pasado ya muchos años, yo tenía ya sesenta, todo iba de maravilla, no se necesitaba comida, los pobres no pasaban hambre, y había más animales pues ya no los necesitábamos para comer, pero de tanto ser humano ya casi no cabíamos en la tierra, y yo jamás sucumbí a que me inyectaran aquel invento monstruoso, vivía de mis vacas y de mi huerto. Los ecosistemas eran imposibles, pues había superpoblación, y todo era un caos absoluto a mis ojos, los ojos de alguien que aún no había perdido totalmente la cabeza.
Y empezaron a morir, todos empezaron a morir, pues el ser humano jamás estuvo diseñado para hacer la fotosíntesis. Muchos lloraron la muerte de May, pero consigo arrastró a todos, iban muriendo tan rápido que no dió tiempo a inventar una cura para ese problema que ellos mismos habían apoyado.
Y tan solo quede yo, y ¿Quién soy yo?, te preguntarás: la última superviviente, alguien que escribe esto para ella misma, su conciencia, su corazón, una persona frustrada por no haber frenado a esa bestia que algún día fue su amiga.
Y tengo la esperanza de que habrá otra persona en el mundo con mi mismo pensamiento, que no haya salido a la luz porque estaba mal vista, como yo, y juntos crearemos un mundo nuevo, en el que regrese un mesías y vuelvan a contarse los días desde cero, hasta llegar a esta fecha. Los fundadores moriremos y la vida seguirá su curso, llena de acuerdos y desacuerdos, errores y aciertos, hasta que algo o alguien la eche de nuevo a perder y vuelta a empezar, creando un bucle de mundos y vidas infinitas, hasta el fin de los tiempos y la eternidad.
  • Visites: 39