La Física en lo ordinario

Ya llevo veinte minutos ensimismada en mis pensamientos mientras desayuno. Ha entrado y salido gente de la cocina, han preparado sus respectivos desayunos y han dado por comenzado su día. Pero yo sigo aquí plantada reflexionando sobre una caja de cereales. Sí, este alimento que a primera vista puede parecer simple está compuesto por un conjunto de fluidos y polvos en los que no solemos reparar, y se convierten en algo tangible que usamos de alimento. Es igual que la materia que nos rodea: toda ella está compuesta por partículas mucho más pequeñas e imperceptibles, como son el protón, el electrón, el neutrón, el fotón... Y así podría seguir otros veinte minutos más, pero no quiero llegar tarde a clase por tercera vez consecutiva en esta semana, así que cojo mi mochila e inicio mi habitual camino hacia el colegio.

Llego a clase ligeramente tarde, pero al profesor treinta y cinco minutos le parecen demasiado, así que me manda al pasillo hasta la siguiente hora de clase. Fuera está mi amiga Antonia, que por lo visto también ha llegado tarde. Le saludo, y sólo me asiente con la cabeza, así que doy por finalizada la conversación y decido dejarla tranquila hasta que se le pase el cabreo. A lo largo del día, va recuperando su buen humor; parece que mis bromas han conseguido suavizar el ambiente. Es como la Tierra, que aprovecha la energía solar útil del sol para luego irradiarla (lo que conocemos como la termodinámica). Pero no necesita absorber toda la energía del sol, al igual que mi amiga no necesita escuchar más mis bromas, o, por el contrario, estallará a carcajadas en medio de clase. No queremos volver a salir al pasillo, así que decido dejarla en paz, habiendo cumplido con mi misión de ponerla de buen humor.

La siguiente hora es tecnología, donde nos informan que tener que hacer una maqueta de un puente. Toda la clase al unísono expresa su disconformidad, pero el profesor consigue mitigar el jaleo.
- Chicos, el universo no ha existido siempre, sino que se creó, al igual que las ideas - mi profesor coge las maderas para el puente, y continúa hablando-. Al igual que el universo, que se creó con la materia que había, vosotros tenéis que crear un puente con los materiales que hay. Si el ser humano no se hubiera atrevido a crear, experimentar, nosotros no hubiéramos entendido al universo, y entenderlo es entendernos a nosotros.

La verdad es que esta charla motivadora surte su efecto, ya que ninguno de nosotros hubiera visto el proyecto de esa forma. Es como el experimento de Rutherford; te puedes dar cuenta de las cosas cuando las miras de un punto de vista distinto. Los errores son parte del progreso, y uno de ellos fue que Rutherford predijo que la mayoría de las partículas Alpha de su experimento atravesarían una lámina de oro sin que chocaran con nada. Le salió el tiro por la culata, pero a cambio descubrió que el átomo está prácticamente vacío, y eso dio lugar a un nuevo modelo atómico.

Por ejemplo, el error de mi amiga Antonia es no hacer caso a las instrucciones y construir el puente a su manera, provocando que éste se derrumbe. Gracias al sacrificio de mi amiga he podido descubrir qué es lo que no tengo que hacer, y me han puesto un diez en el trabajo.

Cuando llego a casa, el panorama es desalentador; sólo tengo diez minutos de descanso antes de tener que ponerme a estudiar para los exámenes. Sin embargo, consigo hacer acopio de toda la calma que tengo (que es poca) y decido mirar la situación desde un punto de vista objetivo. El universo es simple, aunque parezca muy complejo, como los exámenes. A principio tenemos un cúmulo de información que tenemos que estudiar y no sabemos cómo empezar, pero todo se reduce a pequeños conocimientos que en conjunto forman el temario al completo. Un poco más aliviada, decido a ponerme a estudiar la asignatura que más me gusta, Física.
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