Teoría de los gérmenes de Robert Koch.

“Hola, mi nombre es Robert Heinrich Hermann Koch pero me conocen más por Robert Koch. Nací en Alemania el 11 de diciembre de 1843 y soy el tercero de once hermanos. Por suerte mis padres ya tenían bastante que aguantar con mis hermanos, así que yo solía pasar bastante desapercibido.
En el colegio era un chico bastante estudioso y curioso. A mis padres, Mathilde y Hermman, incluso les parecía pesado. Desgraciadamente dejé de interesarme por la ciencia cuando mi padre falleció. Tanto mi madre como yo caímos en una gran depresión de la que yo logré salir poco a poco pero ella nunca llegó a superar.
Cuando terminé la escuela decidí ponerme a trabajar, aunque no fue muy buena idea. Así que aprovechando que tenía muy buenas calificaciones, decidí meterme en medicina. Mi padre siempre me insistía en que hiciese una carrera con futuro para poder llegar lejos, y yo lo hice por él. Allí conocí a Emmy, una chica de la que me enamoré locamente y con la que varios años después me casé y tuve dos maravillosos hijos, Gertude y Gertud Koch. Como podéis comprobar no éramos para nada originales con los nombres. Mi relación con Emmy no iba bien así que decidimos divorciarnos. Años después encontré a Hedwing y también me casé con ella. Yo en esos años era un “latinlover”.
No todo en la vida es fácil y bonito. Hubo una época en la que hice un gran hallazgo pero también cometí un error que casi me pasa factura. Lo que pasó fue lo siguiente.
Estaba en el segundo año de carrera y mi instinto cotilla estaba poco a poco recobrando vida. En ese momento mi madre estaba muy enferma, y aunque nos gastamos 200.000 marcos alemanes que en euros equivale a más de 100.000, perdimos casi todos nuestros ahorros en pruebas para descubrir lo que le pasaba. Cada suposición era errónea, no le encontrábamos la enfermedad y no sabíamos cómo curarla. Una noche escuché a mi madre gritar de dolores, corrí hacia su habitación y agarré un cubo en el que ella comenzó a vomitar. En ese instante mis ojos casi se salen de sus órbitas, el color no era como el que estaba acostumbrado a ver cada vez que ella vomitaba. Mis sentidos curiosos saltaron de nuevo, tenía que investigar de donde venía ese color, pero sobre todo no podía decir nada, me tomarían por loco.
Estuve días preparando mis experimentos, tenía todos los utensilios necesarios para realizar mi investigación. Todos, excepto uno. Un microscopio. Mis planes se estropearon completamente, ¿cómo iba a descubrir qué le pasaba a mi madre si ni siquiera podía conseguir un microscopio? Solo quería llorar, me había ilusionado mucho con esa investigación. De repente se me vino a la cabeza una locura, robar el microscopio de mi clase de biología. “Tienen muchos, no se darán cuenta” pensaba una y otra vez.
Preparé ese plan como si mi vida dependiese de él y entonces, lo hice. Un día le dije a mi madre que iba a dormir en casa de un compañero, pero en lugar de eso me escondí en un armario de la universidad y esperé a que cerraran. Cogí el primer microscopio que encontré y salté por la ventana. Afortunadamente, caí en un montón de hojas que amortiguaron mi caída y quedé ileso.
Días después, dediqué mi tiempo a la investigación sobre la enfermedad de mi madre. Encontré un pequeño filamento en la sustancia que mi madre vomitó que no había visto antes, era raro y llamó mi curiosidad. Conseguí descifrar cada parte de él y darme cuenta de que era un microorganismo, lo guardé en un bote para al día siguiente llevarlo a clase. No hubo tiempo, me pillaron esa misma noche debido a una huella que había dejado en el suelo, al lado del armario en el que me escondí.
Les expliqué que lo único que quería era ayudar a mi madre pero ellos no me creyeron. Así que tuve que enseñarles mi investigación sobre el microorganismo y así pudieron encontrar la cura a la enfermedad de mi madre que hasta ese momento era desconocida. Decidieron no arrestarme ya que había hecho un gran descubrimiento demostrando que los microorganismos podían originar enfermedades como la tuberculosis, la cual padecía mi madre.
A esta teoría decidí nombrarla Teoría de los gérmenes. El resto de mis descubrimientos fueron bastante normales. Pero sin duda esté fue el que más marcó lo que yo realmente quería”.
Este fue el discurso dado por el científico cuando le otorgaron el Premio Nobel de Medicina y Fisiología de 1905.
FIN.
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