Más allá de la realidad

Los investigadores por fin lo habían logrado. En un intento desesperado por salvar a la humanidad de la catástrofe ecológica, expertos de todos los países se unieron en la búsqueda de una solución rápida para el inminente fin de la existencia humana.

Muchos intentos fracasaron, ya sea el plan de colonización de Marte que acabó con la vida de más de 100000 personas, o la ciudad subterránea de Múnich, que acabó desolada por los conflictos internos entre los habitantes. No obstante, un grupo de expertos hallaron la solución: viajar a otro mundo.

Durante años los científicos habían intentado resolver los problemas de la física cuántica y de los misterios que albergaban los agujeros, dando lugar a diferentes teorías pero que apuntaban a que la materia que absorbía un agujero negro, en esencia, se perdía, rompiendo el principio fundamental de la conservación de la masa. Pero, ¿y si esa gran concentración de masa, cuando cruzaba el horizonte de sucesos, viajaba a un mundo paralelo, donde salía por un agujero blanco?

Esta teoría había sido propuesta años atrás, y no se podía comprobar si era cierta o no, pero la fe en la salvación les llevó a enviar a una pareja de astronautas junto a 50 óvulos criogenizados al agujero negro que reunía las condiciones óptimas para poder lograrlo, uno que girase. Si lograban alcanzar la velocidad óptima, el agujero no sólo no los mataría sino que no sentirían nada en absoluto.

Los humanos que viajaron, genéticamente modificados para vivir durante cientos de años, llegaron a Sagitario A, el agujero negro del centro de la Vía Láctea después de 456 años de viaje. Las vistas eran más impresionantes de lo que la mente humana podría llegar a imaginar.

Encendieron los motores, activaron el sistema que usaría toda la energía restante del almacenamiento principal, logrando alcanzar una velocidad similar a la de la luz. Y entonces, las hipótesis y simulaciones de los físicos, ya difuntos, se comprobaron.

El orgullo de la supervivencia de la humanidad les llevó a mantener la especie viva, pero su estupidez les condujo a la extinción, dejando a dos personas solas en un universo completamente nuevo.

La nave aterrizó en un planeta habitable después de ser expulsada por el agujero blanco. Este universo, al contrario del nuestro, tenía una inmensidad de cuerpos celestes llenos de vida, gracias a la constante emisión de material de los agujeros blancos. Pese a esto, no llegaron a percibir ninguna señal de vida inteligente que pudiera consolar la masiva extinción de la humanidad.

La idea de ser las últimas personas existentes llevó a la mujer al suicidio, siendo incapaz de concebir ese pensamiento. Era mi esposa, pero yo lo entendí. No obstante, yo me mantuve y descriogenicé a los óvulos, siendo un padre que no envejecía, un Dios para infantes que no sabrán de la historia de la humanidad, sino que forjarán la suya.


Nada más lleguen a la edad adulta, les daré la historia recogida en un libro, junto a todos los logros científicos de la humanidad, y me marcharé. A veces pienso en si la humanidad habrá logrado alcanzar la solución al problema, como en aquella película de Christopher Nolan, pero también me agrada pensar que soy el humano que sobrevivió al fin.

Puede que aquellos científicos dieron con el misterio demasiado tarde, pero si algún otro humano llega a cruzar un agujero negro, estarán ellos para recibirle y preservar nuestra especie.

Yo ya estaré muerto, mi inmortalidad aparente no es infinita, pero la humanidad no. La chispa de la ciencia salva a nuestra raza de las llamas del infierno. Irónico, ¿no crees?


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