Los dibujos animados

De todo lo que podía imaginar que me pasara durante mi tesis de los primos de Fermat era que me metiera dentro de mi propio papel de trabajo. En verdad, el mundo en 2D es más cómodo de lo que parece. No tienes esos problemas de la gente con volumen de ver dónde está abajo. Poder moverse libremente por un mundo de geometría está bastante bien. Además, puedo dibujar mis propias figuras geométricas para que me hagan compañía
Para qué engañarnos, algunas figuras son muy arrogantes. Pero lo que más me sorprende es que los triángulos no hablen. Solamente son rosas y huelen a gasolina. No puedo tener duelos de ecuaciones con ellos como sí tengo con otras figuras. Cuantos menos lados tienen, mejores; seguro que los triángulos me ganan siempre.
También he descubierto que con dos dimensiones sí se puede dibujar todo tipo de polígonos, aunque, para lo que tienen que decir, no merece la pena. Me arrepiento de haber hecho ese polígono de cien lados, todavía atormenta a los polígonos menos fuertes y no quiero hacer otro de esa cantidad de lados por si se sale de control también.
Después de tantos años aquí uno está cómodo. Me pregunto qué habrá pasado con mi antigua vida. ¿Reutilizarán los papeles en los que estoy metido? Quizá si caigo en manos de un artista pueda hablar con algo más que con los egocéntricos pentágonos. Todo el día creyéndose los mejores por tener inscrita la estrella más bonita. Si los hexágonos supieran del alcance de la estrella de David quizá serían menos tímidos y harían frente a las burlas de los pentágonos.
Después de tanto tiempo, no sé en qué momento me cansé de este lugar. Los heptágonos son cada vez más sinvergüenzas, los chistes de los decágonos se vuelven repetitivos… la mejor opción fue abandonar este lugar. Nunca me pareció estar limitado por los bordes del papel, aunque tampoco creo estar en una cinta de Moebius o una botella de Klein. Teniendo en cuenta esto, quizá sea posible que esté dentro de un plano infinito.
¿Qué pasaría si en este mundo bidimensional me encuentro alguien de mentalidad 3D como yo? ¿y si hay alguien tetradimensional o incluso más? Podríamos charlar del volumen o cosas así.
Me despedí de todos, pero especialmente de los triángulos. No sé si estarán vivos, pero al menos me escuchan cuando hablo. Bueno, eso creo.
Empaqué mis cosas dentro de una circunferencia y avancé en el eje de abscisas hacia las x positivas en busca de otro ser. Y, a malas, recrearé una civilización poligonal en donde quiera que vaya.
Al principio mis x aumentaban de forma lineal, luego aprendí a acelerar uniformemente y moverme a una velocidad con una fórmula cuadrática y, después de pasar por velocidades polinómicas, logré moverme de forma exponencial.
A esas velocidades, me pareció ver algo en mi camino y tuve que pararme y retroceder para verlo bien. Un pequeño dibujo de un insecto mal hecho, probablemente un boceto hecho por algún estudiante de artes. Decidí hacerle un círculo en donde estaría su ojo porque aún no tenía nada con lo que pudiera ver.
De golpe, ese pequeño bicho estiró las patas y empezó a moverse. En ese momento, vi unas palabras dibujadas en el papel: “¿Qué eres y cómo has hecho que se mueva?”
Al “Qué eres” tenía una respuesta, le escribí mi historia de cómo me volví bidimensional con todo lujo de detalles y, él, fuera del papel, me explicó que estaba acabando la carrera de artes y que había encontrado esos papeles tirados en su desván. Quizá fueron los papeles de mi tesis que se reutilizaron o quizá yo pueda viajar entre papeles, lo que me desconcertó fue su segunda pregunta.
Quizá hice mal en asumir que por ser bidimensional podía animar las cosas de mi alrededor o quizá no, pero eso ahora no importaba. Había hecho un amigo, un amigo humano.
Después de pasar día y noche dialogando llegamos a un acuerdo. Yo le explicaría todos los misterios de las matemáticas y le ayudaría con los ejercicios de dibujo lineal y el, a cambio, dibujaría amigos que yo animaría. Esto sí es vida, con amigos que no son poligonales sin masa, sin volumen, solo diversión.
Le enseñé los secretos del número phi para que pudiera hacer dibujos perfectos. Con ello, él aprobó bellas artes y yo tuve un elenco de amigos bien dibujados. Tiempo después, con mi ayuda, fundó una empresa con una idea que no se había visto nunca en un lugar que se llamaba televisión. En este año, 1906, él y yo hicimos historia. Mezclando matemáticas, ciencia y arte inventamos los dibujos animados.
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