Ojos

Corro velozmente por el pasillo. Oigo las voces de las enfermeras a mis espaldas, pero no puedo parar. No me lo permito. En su lugar continúo poniendo un pie delante del otro a una velocidad de vértigo. Consigo llegar a una habitación vacía y cierro la puerta detrás de mí con todas mis fuerzas. Pongo el pestillo. Espero. Sólo me queda esperar.

Tres años antes…

Ya sé cuál será mi trabajo final. Llego a casa y, tras apartar la mochila, me siento en la cama con el portátil en el regazo. Siempre me ha encantado la robótica. De pequeña siempre tenía nuevos kits de robótica entre manos y, a medida que fui creciendo, comencé a fabricarlos yo. Cuando nos dijeron que el trabajo podía ser de cualquier asignatura que quisiéramos, no lo pensé dos veces.

Tecleo a una velocidad increíble, pero es que estoy muy emocionada. Por fin puedo demostrar todo mi potencial y disfrutar en el proceso. Se llamará Pidget. No será demasiado grande, pero sí lo suficiente.

Imprimo los planos y me paso las siguientes dos semanas trabajando en mi nueva creación. Nunca había trabajado con Inteligencia Artificial antes, así que supone un reto, y eso me motiva el doble. He de admitir que requiere una responsabilidad enorme y muchas horas de estudio, pero me es indiferente.

Al cabo de tres semanas, ya tengo casi terminado el robot. El chip que le he colocado por fin ha funcionado. He tenido que cambiar su sistema tres veces y recomponer todo su mecanismo, pero lo he logrado. Con mi tablet puedo hacer que se mueva, me traiga cosas e incluso que diga frases o palabras. El siguiente paso será que pueda hacer las cosas a través de un módulo de voz permitiéndole comprenderme cuando le hable, así que me paso las siguientes dos horas leyendo sobre ello en internet.

Transcurrido ese tiempo, comienzo a montar el nuevo implante dentro de su cabeza. Su aspecto es más bien extraño, pero la piel sintética que le he pegado hace que se asemeje a un búho. Ya sólo le quedan los ojos. Sus dos cuencas vacías me miran expectantes, y yo me apresuro a colocar las últimas piezas. Finalmente, unos preciosos ojos negros hechos de plástico me miran, y, a pesar de que quizás me esté volviendo loca por tantas horas de trabajo, diría que me miran. No le doy importancia. En su lugar, me voy a dormir; mañana tengo que presentar el proyecto.

3 a.m. ese mismo día…

Un fuerte estruendo me despierta. Me encuentro demasiado cansada, por lo que deduzco que aún no es la hora de despertarme. ¿Qué está…?

No tengo tiempo de terminar la pregunta porque el ruido vuelve a cometerse. Esta vez lo oigo mejor. Parece como si se hubiera caído algo o… alguien.

Salgo de la cama y me apresuro al pasillo sin molestarme en calzarme. Mala elección. Mis pies notan algo líquido, caliente y un tanto espeso. Miro hacia el suelo y, a pesar de estar en la penumbra, comprendo al instante lo que estoy pisando. Sangre. Levanto la vista y ahí es cuando comienza el horror. Mis padres. Mi hermana. Están todos muertos en el suelo. Y estoy pisando su sangre.

Presente…

Alguien golpea la puerta. Mejor dicho, algo. Consigo resistir a duras penas, pero no creo que vuelva a conseguirlo. Demasiada fuerza, y ése nunca ha sido mi fuerte. Menos ahora, que llevo tanto tiempo encerrada aquí.

Recibo un fuerte impacto en el dorso, y esta vez, caigo al suelo recibiendo un gran golpe. Duele. Pero no puedo centrarme en eso ahora. Me giro para encontrar mi peor pesadilla. La misma con la que sueño cada noche desde aquella. Desde que me quedé sola. Desde que estoy encerrada aquí. Desde mi última noche de libertad y sensatez. Avanza hacia mí con una lentitud que me hiela los huesos. Sus pasos torpes pero más experimentados desde la última vez que la vi acortan la distancia de forma tortuosa. Trato de retroceder, pero estoy bloqueada. Mi cuerpo no responde. Sé que como no lo haga pronto mi mente también dejará de hacerlo, pero es imposible.

Sus piernas, hechas del mismo metal que yo forjé, se detienen a escasos pasos de mí. No voy a aguantar mucho más sin desmayarme. Volvemos a estar a oscuras. Como aquella noche. Las luces se han apagado. Vuelvo a arrepentirme de haber tenido esa idea. De haberla llevado a cabo. De haberla construido. Y de lo más importante: haberle implantado ese chip. Ese maldito chip, que ni siquiera me molesté en perfeccionar. Si tan sólo lo hubiera hecho…

Sus ojos brillan. Esos que coloqué con mis propias manos, sin saber que esto sería lo que provocarían. Y son lo último que recuerdo. Después, oscuridad. Y silencio.
  • Visites: 51