Mi Motivo

Z observaba tranquila la ciudad desde la azotea. No debería estar allí a aquellas horas, pero tampoco le importaba
mucho. La ciudad Neón, como la llamaban, era muy hermosa de noche. Pero claro, ella nunca volvería a pasear sus
calles ya que estaba encerrada en aquel edificio sin puertas para siempre: el Lab.
La joven híbrida mientras se tocaba su lado de la cara robótico, recordó los tiempos en los que vivía con su familia, antes
de que los humanos volvieran a tomar el control. Los humanos, después de que la propia inteligencia artificial que ellos
habían creado, se revelase en su contra, estaban muy resentidos. No solo volvieron a controlar a las máquinas, sino que
también mataron a todos los híbridos mayores de 18 años y encerraron en el Lab a los niños. Y allí vivían sometidos a
peligrosos experimentos y tratados como inferiores.
“Los humanos eran muy crueles”, pensó Z. Ellos no les habían hecho nada, y ahora locos de poder ni les importaba matar
a alguno que otro niño híbrido, con tal de que los demás les temiesen.
Una idea algo macabra se le pasó por la cabeza a
Z: ¿para qué vivir cuando no le importas a nadie y tu día a día es sufrimiento? De pronto, la altura del edificio se le hizo
atractiva. Se acercó al borde dudando. Aquella era su única salida posible. Podría reencontrarse con sus familiares. “Allá
voy”, se dijo, y se dejó caer. Por unos segundos el tiempo pareció ir más despacio: el vacío bajo ella, el corazón
acelerado, los pies despegándose del hormigón…
Una mano desconocida la sujetó con fuerza impidiendo que cayese. La
mano la subió a la azotea. Desconcertada, observó a otro híbrido, no mucho mayor que ella, jadeando por el esfuerzo.
- Hola, soy X- Dijo cansado. - No te quites la vida, por favor.
- ¿Y por qué no debería hacerlo? No tengo ningún motivo para seguir viviendo
- Pero yo vengo a ofrecerte uno. Hace dos años me escapé de aquí y mi motivo es que quiero salvar a todos
los híbridos de este laboratorio, dijo solemnemente.
- ¿Y cómo piensas hacerlo tú solo?-Preguntó burlona.
- En estos dos años he creado una organización con otros con un mismo objetivo. Pero aún así necesito la
ayuda de otro híbrido, por ejemplo, tú.
- Está bien, no me caes mal. Pero sigue siendo más tentador tirarme de la azotea-Dijo Z. Esta vez, al hablar, el chico tomó un tono más serio:
-¿Vas a dejar a nuestra especie en manos de los
humanos? Además, es un desperdicio que alguien tan linda como tú se quite la vida. - Los dos se sonrojaron y Z no supo que responder, pero asintió con la cabeza.
-¿Y por dónde emp…?- fue a decir ella, pero fue interrumpida por un disparo.
X, temblando, cayó al suelo. La chica se tomó un segundo para procesar lo que estaba ocurriendo, y con rabia, de un
salto inhumano como solo lo hubiera podido hacer alguien de su especie, alcanzó al guardia de seguridad, propinándole
una fuerte patada en la espalda que le dejó inconsciente. Asustada, se acercó al chico que en esos momentos vivía sus
últimos instantes. Con dificultad, él le entregó un cuaderno y con su último aliento le susurró: “tu motivo…. Es el mío”.
Unas lágrimas se le escaparon a Z:
- Tú…, conseguirás igualdad.
Ella conmovida, la besó en la frente como despedida. “Sí, lo haría, liberaría a los prisioneros del Lab y lucharía por la igualdad entre
humanos, robots e híbridos”.
Tras hojear la primera página del cuaderno, observó la manera por la cual el chico se había escapado del laboratorio
hacía unos años, y vio una dirección. Con seguridad, cargó con el cuerpo de X sabiendo que su futuro no sería fácil, pero
que merecía la pena luchar por ello.
  • Visites: 32