La exposición

Era una mañana soleada. Mark había pasado toda la noche en vela, entusiasmado por el viaje a una exposición científica en el gran laboratorio de la ciudad con sus compañeros y el profesor de Física.
Cuando despertó, ya eran las nueve y llegaba tarde al colegio, donde su amigo Luis le esperaba solo. Echó un vistazo a los lados, pero estaba vacío. Todo el mundo había ido a las ocho y media. Luis, que sabía que Mark llegaría tarde, le había propuesto llevarlo en el coche de su padre y, de repente, apareció. Nunca le fallaba.
Cuando llegaron al laboratorio, una gran puerta de cristal se abrió frente a ellos. Dentro, un hombre con bata los llevó a un gran cuarto oscuro donde estaban los demás compañeros y el profesor de Física viendo proyecciones en 3D de un robot humanoide. Se podía observar lo que tenía dentro. Uno de sus compañeros, Liam, bromeó diciendo que solo eran un montón de circuitos, pero Luisa le replicó, sintiendo compasión por el pobre robot. Liam dijo: “Si no tiene sentimientos, ¿por qué me va a dar pena?”
De repente, aparecieron un brazo y una pierna mecánicas. Todo el mundo se asustó de lo reales que parecían. El científico, el hombre con bata, que había estado todo el tiempo callado, empezó a hablar: "Esto es un modelo de mejoras para personas discapacitadas, hecho por los ingenieros que estudian la Biomecánica. Las partes de una pieza mecánica pueden ser una prótesis para el cuerpo humano”. Luego les enseño un coche automático con un chip de inteligencia para saber conducir sin la intervención de un humano, mientras Mark y Luis se separaban del grupo para ver las otras salas.
Encontraron un espacio lleno de ordenadores que controlaban los movimientos de un robot en práctica y, como nadie los veía, empezaron a apretar botones manejando el control del robot sin saber, hasta que se produjo un cortocircuito y dejó de funcionar.
Se asustaron, dejaron todo como estaba sin ningún cambio y fueron con los demás compañeros a ver la exposición de los microchips integrados en los aparatos electrónicos. El científico seguía hablando de las nuevas tecnologías para deshacerse de las tareas domésticas del ser humano, como las aspiradoras automáticas que limpian la casa sin necesidad de esfuerzo o los asistentes de móviles para no perder el tiempo tecleando. Cuando ya se acababa la visita, un guardia se paró frente al profesor y le preguntó si alguien había entrado en la sala de experimentos. Todo el mundo negó con la cabeza, pero el guardia los llevó a la sala de vigilancia, desde la que se había grabado todo y se veía a Mark y a Luis. El profesor se enfureció y, ya iba a llamar a sus padres, cuando otro científico dijo que el robot que había dejado de funcionar por su culpa era de prueba, los circuitos no estaban bien conectados y se produjo un fallo en el sistema, así que se libraron de tener que pagar un desperfecto, aunque tuvieron un castigo por tocar lo que no debían. Estuvieron un mes haciendo los trabajos domésticos sin tecnología. Aun así, mereció la pena la visita.
En casa, Mark estuvo pensando en cómo sería su vida si todos esos trabajos los hiciera una máquina. Por un lado, tendría más tiempo para jugar a videojuegos, pero, por otro, pensaba para qué servirían entonces los humanos si todo lo hiciese una máquina. La vida no tendría sentido, así que llamó a Luis para jugar al fútbol, alejarse de tanta tecnología, estar más al aire libre y despejar la cabeza de los aparatos tecnológicos.

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