Mientras llega la ciencia tenemos el cariño

“Los amigos del 10 son la pareja de números que sumados dan 10, hoy jugamos a la sopa de números con el número 10. Eso recordaba Genaro cuando miraba a los ojos de su madre. Desde pequeño, su madre jugaba a multitud de juegos matemáticos en todas las situaciones
posibles, mientras comían, en el trayecto de cualquier viaje, antes de ir a dormir…. Así es como los introdujo a él y a su hermana al apasionante mundo de los números y las matemáticas. No en vano, su hermana siguió la carrera de su madre y estudio matemáticas siendo una profesora excelente y muy vocacional y Genaro se convirtió en un ingeniero en telecomunicaciones brillante.

Desde hacía algún tiempo, Genaro veía comportamientos extraños en su madre como por ejemplo dificultades para recordar eventos, concentrarse o completar tareas del hogar, pero cuando se preocupó realmente fue cuando empezó a tener confusiones con respecto a los lugares o el paso del tiempo e incluso recordar cosas a muy corto plazo.

Poco después, a la madre de Genaro le diagnosticaron Alzheimer, una enfermedad que nunca pensó que pudiera padecer. Su madre había sido catedrática de matemáticas en la facultad y una gran divulgadora científica en actividades que realizaba en su tiempo libre con niños. Pero si, el diagnóstico era certero.

“Los amigos del 10 son la pareja de números que sumados dan 10, hoy jugamos a la sopa de números con el número 10” le dijo a su madre mientras paseaba con ella. La madre de Genaro esbozó una sonrisa. De repente, el joven empezó a pensar y a comparar el
comportamiento del cerebro con la CPU de un ordenador. ¡Es lo mismo! Algo ocurre en las conexiones de este órgano para que se inicie un deterioro y se planteó un gran reto… ¿Podría la
inteligencia artificial paliar los síntomas de esta enfermedad?

Así es como Genaro comenzó a dedicar el poco tiempo libre que tenía al estudio, investigación y creación de un algoritmo que supliese y se acoplase al cerebro humano para frenar el avance
del Alzheimer. Sabía que no era ciencia ficción y que podría conseguirlo.

Pero tenía un gran enemigo, el tiempo. Eso le angustiaba y a veces lo deprimía. La enfermedad de su madre avanzaba a gran velocidad, pero él no cesaba en el intento.
Con mucho tesón, consiguió convencer a algunos colegas de embarcarse junto a él en el proyecto. Trabajando sin descanso empezaron a ver los primeros frutos de su esfuerzo. El equipo
consiguió desarrollar una aplicación de inteligencia artificial que identificaba los primeros marcadores de la enfermedad de Alzheimer con una precisión del 99’9% con un algoritmo que
podía detectar cambios sutiles que suelen tener antes del diagnóstico.

Estos resultados eran muy esperanzadores pues los médicos podrían ofrecer un tratamiento precoz a personas que tuviesen alto riesgo de padecerlo. Aunque fue un gran avance,
su idea original no era esta aunque los profesionales médicos contarían con un algoritmo en el que poder apoyar sus conclusiones. Por lo pronto, Genaro demostró que la
inteligencia artificial simula un proceso mental que permite tomar decisiones, generar pensamientos, aprender e incluso enseñar como lo hace un ser humano solo faltaba integrarlo
en un cerebro lesionado por el Alzhéimer.

Pero hasta que la inteligencia artificial adquiriese mayor presencia en la cotidianeidad de la sociedad y empezase a considerarse su aplicación en la medicina para que tuviese un
impacto en estas personas, Genaro proporcionaba a su madre un trato muy cariñoso y humano. Cuando él la acariciaba a ella se le iluminaban los ojos y le regalaba una sonrisa.

Poco a poco ella dejó de reconocerlo como hijo, pero el cariño que le dio fue lo que nunca olvidó. "Mientras llega la ciencia tenemos el cariño" le susurraba Genaro a su madre.
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