La amenaza de los robots

Había una vez un niño llamado Abel que vivía en una ciudad muy famosa. El niño por suerte disponía de muchos recursos, ya que provenía de una familia adinerada. Además el niño poseía un intelecto muy desarrollado y tenía muchos conocimientos, sobre todo en su campo favorito: Los robots y la inteligencia artificial. Abel creció con mucho interés en este campo y dada a su inteligencia, tenía muchos avances. Hasta que un día decidió poner en marcha su proyecto más ambicioso… ¡Crear un robot con inteligencia propia que fuese idéntico a él! Ya que Abel siempre había querido clonarse para así poder hacer más cosas al mismo tiempo. Así que se puso manos a la obra.
Tras varios años de arduo esfuerzo consiguió terminar el prototipo, que era idéntico a él, y lo llamó Caín en referencia al pasaje bíblico, ya que Abel lo consideró como su hermano.
Abel estaba muy orgulloso de lo que había hecho, así que no tardó en poner su invento en marcha.
Hacía las tareas de la casa, cocinaba, salía a comprar… Y mientras tanto Abel podía quedarse en su casa estudiando más acerca de la tecnología.
Pero tan realista era el robot y tanto le gustaba hacer su trabajo que la gente pensaba que el robot en realidad era Abel, y a Caín le gustaba tanto hacer de Abel que comenzó a creérselo.
Abel se dio cuenta de esto pero ya era demasiado tarde. El robot pensaba por su cuenta y hacía caso omiso de las indicaciones de Abel, vamos, que hacía lo que le venía en gana. Para colmo Abel iba a desactivar el programa que mantenía vivo a Caín, pero éste robó el control que se lo permitía y encerró a Abel en un sótano. Abel por fin obtuvo lo que deseaba, soledad para estudiar y pensar en sus proyectos. Pero echaba mucho de menos ver a la gente, la luz del día, poder salir a la calle… Y cada día que pasaba odiaba más a Caín. El único contacto que tenía con alguien era cuando Caín bajaba a traerle comida y agua, y a pesar de que Abel había enfrentado físicamente a Abel varias veces, no había podido ya que el robot tenía una fuerza sobrehumana.
Abel ya estaba desesperado, y Caín encantado con su nueva vida. Pero ¿Cómo combatir a un robot demasiado fuerte?
-Pues hay que combatir el fuego con fuego- pensó Abel.
Así que se puso a crear a Caín 2.0, un robot igual que el primero, pero con un mando que tenía un botón para destruir su batería interna (el equivalente a su corazón), y con mayor fuerza, inteligencia, y en general mejor optimizado.
Los preparativos estaban listos, así que sólo quedaba esperar a que volviese Caín para traer la comida. Por supuesto que no fue fácil esconder el robot, ya que Caín era listo como Abel, pero éste valiéndose de artimañas consiguió esconderlo.
Cuando Caín abrió la puerta, saludó a Abel como de costumbre y le trajo comida, pero al avanzar un paso recibió un tremendo puñetazo en la nuca que levantó una parte metálica. La paliza de Caín 2.0 sobre su antecesor era imponente, además de que el puñetazo inicial había dañado varios circuitos. De una patada arrancó la cabeza de Caín que llegó a los pies de Abel, dejando todos los circuitos y cables al descubierto. La cabeza de Caín empezó a hablar a los pies de Abel.
-Verás Abel , siempre te he admirado, al fin y al cabo eres mi hermano y mi padre. La razón por la que te encerré aquí fue para potenciar tu gran cerebro y pudieses hacer obras de ingeniería como estas, además también quería que vieses la importancia de salir a la calle y la libertad- confesó Caín.
Lágrimas brotaron de Abel cuando Caín 2.0 le pisó la cabeza acabando con el robot. Entonces Abel se percató de que había dotado al nuevo robot con la maldad y el rencor que le tenía a Caín, y se había vuelto malvado.
Abel fue rápido a por el mando con el botón para apagar el robot, pero el robot se percató y fue a detenerlo violentamente. Forcejearon un poco pero el cuerpo de Caín sin vida hizo un movimiento de barrido que hizo perder el equilibrio al robot, y Abel en un rápido movimiento apretó el botón, que apagó a Caín 2.0. Abel entonces se dio cuenta de los peligros que traía la inteligencia artificial y pensó que quizá la humanidad todavía no estaba preparada para robots. Abel acabó con los restos de los robots y empezó a tener una vida más normal, saliendo más de casa, y jamás olvidó la enseñanza de su hermano.
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