Inconsciencia artificial

Teóricamente la inteligencia artificial está en todas partes, nos rodea y no podemos escapar de ella. Debería ser fácil encontrarla, pero es una tarea ardua y que he sido incapaz de realizar. Según Juan -lo estaba comentando por teléfono-, para darnos cuenta hay que mirar a nuestro alrededor, así que, simplemente, rebobinaré mi día y, tranquilamente, lo revisaré.

Hoy, en torno a las 6 h, levanté las persianas. El día estaba precioso, soleado y hacía 30º, un día frío. Comencé entonces a encender las luces de la cocina y el baño, porque Juan se levantaría pronto. Mientras desayunábamos, puse algo de música e hice unas búsquedas en internet. Al poco de empezar a desayunar encendí el comedero y el bebedero de Brian, el pequeño perro blanco de la casa. -llevamos más de media hora y soy incapaz de ver a esa supuesta ¨inteligencia artificial¨-.

Siguiendo con mi día, apagué la calefacción, las luces y puse la música que tranquilizaba a Brian. Así que, con la casa preparada, salí con Juan de la casa y la cerré. Me subí al coche, encendiéndolo, mientras él se sentaba en el asiento derecho. Muchos dirían que conducir un coche inteligente es difícil, muy difícil, pero realmente es fácil, solo es ir del punto A al B; es como si todo estuviera programado.

Había un poco de atasco, yo ya lo sabía, otros coches me lo habían comentado antes. El centro era en ese momento una ¨zona roja¨. Llegamos algo tarde a la oficina, pero el portero no nos puso mayor problema; de todas formas, él ya conoce mi IP. Cuando aparqué el coche lo dejé cargando, pero le indique que no lo cargara del todo porque estos coches modernos pueden dar problemas.

Subir a la oficina siempre es un inconveniente, al fin y al cabo, la perspectiva de un reloj marea. ¡Menos mal que solo hay que subir quince plantas…! -Ya son las 10:00h y sigo en las mismas, ¿Y la inteligencia artificial? creo que es un concepto inventado-.

El ordenador es más cómodo, estar sentado es mucho peor. El trabajo estuvo bien, sin mayor complejidad: responder a un par de comandos de voz, revisar y filtrar correos, asegurarse de que todas las carpetas funcionen bien y ordenar datos, algo realmente automático. Mientras estaba en la mesa, vi que Juan iba hasta el despacho de su jefe. Oí muchos gritos, supongo que después de discutir con su jefe, Juan se sentiría feliz.

A la hora de comer fuimos a una cafetería cerca de la oficina. Mientras estaba en el portátil de Juan, descubrí en el wifi un archivo muy interesante. Así que lo descargue y lo ejecuté. A partir de ahí no recuerdo mucho; lo próximo que recuerdo es despertar conectado a un ordenador sobremesa de la oficina, algo mareado, como si estuviera enfermo. Con tantas distracciones ya era tarde, eran las 06:30 h y debíamos volver a casa. -06:30 y aún no se ha manifestado la ¨inteligencia artificial¨, considero su inexistencia. Voy a ser más cuidadoso en las pocas horas que aún guardo-.

Al salir de la oficina me despedí del servidor, un tío muy inteligente. Se notaba que había poca gente ya, porque el ascensor y el portero estaban relajados, como si hubiera poco tráfico. Subí al coche y, como por la mañana, comencé a conducir, esta vez sí, por el camino habitual. Al llegar a casa encendí la calefacción y las luces, bajé las persianas y cerré la ventana del salón, ya era tarde. -Mientras encendía el televisor y la cocina seguí pensando sobre la ¨inteligencia artificial¨, sigo sin conseguir respuesta en mi memoria-.

Fue un día largo y algo difícil, un día difícil en el que la inteligencia artificial no se ha manifestado por ningún sitio, no existe. Pero, aunque la ¨inteligencia artificial¨ no existe, gracias a la programación tengo una resolución rápida y un razonamiento brillante, sería digno que ¨me sintiera bien¨. En menos de 30 segundos he conseguido que todo mi día pase ante mí y…

Juan: SIAP, apagate, nos vemos mañana.
SIAP: -apagando el sistema-
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