Un descubrimiento que salvó vidas

Se encuentra la mesa de Salomón enterrada en un pueblo toledano.
Bueno mejor empiezo desde del principio, estamos en el 2045 yo, Aurelio, solo soy un humilde agricultor. La historia empezó así, aquel día yo estaba labrando la tierra como de costumbre, cuando de repente me topé con algo duro, lo saqué y era algo de oro, me impresioné y llamé a mis hijos, Mariano el mayor, que era ingeniero informático y Andrea la pequeña neurocirujana. Parecía como si estuviese hueco y hubiese algo dentro, entonces decidimos abrirla, y encontramos un microchip según mi hijo, aunque yo no sé qué es eso, entonces mi hijo lo metió en un robot que estaba creando cuando de repente esa cosa empezó hablar, a decir algo sobre insertar un líquido en el lóbulo temporal, bueno, algo parecido, cuando de repente mi hija empieza a dar saltos de alegría diciendo que era la cura del Alzheimer, al día siguiente empezaron a venir periodistas a montones y montones éramos famosos, estaban preguntando sobre la cura y la mesa y la mesa de Salomón, lo que nadie sabía era que teníamos esa cosa, el microchip.
Cuarenta años después el nieto de Aurelio y el hijo de Andrea, Lucas. Que también quería ser neurocirujano en unas vacaciones al pueblo familiar encontró el microchip bajo el polvo y las telarañas. Fue con su prima, la hija de Mariano, Adela, que igualmente quería dedicarse a ser ingeniera informática, era como una nueva tradición. Volvieron a introducirlo en otro prototipo de robot que estaba creando Adela y empezó a explicar todas las curas, de todas las enfermedades neurológicas, al parecer Andrea con la emoción y la euforia ni se había dado cuenta de que el robot seguía hablando y quito el microchip. Aquello fue el mejor avance de la medicina en siglos.
Al parecer la antigüedad no era tan antigua como pensábamos.
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